Hacer el bien

El mal o la maldad quizás suelan ser, por su misma condición, mucho más visibles que el bien o la bondad, incluso cuando se pretenden ocultar, porque quien es capaz de provocar sufrimiento o dolor está alterando siempre, en mayor o menor medida, el orden de las cosas, el orden del mundo, y eso es algo que siempre acaba dejando una huella, por mucho que en determinadas ocasiones se quiera esconder. También es cierto que el poder del mal puede llegar a parecer, a veces, incluso superior al del bien, sobre todo cuando los malvados obtienen ciertas victorias parciales, pensemos, por ejemplo, en todos los regímenes autoritarios que ha habido a lo largo de la historia o en las vulneraciones de derechos humanos y en las distintas formas de violencia que aún hoy se producen en muchos lugares y países. Pero si pese a ello el mundo sigue todavía hoy en pie, es por todas las personas que actúan o que intentan actuar siempre bien y de forma correcta y honesta. Es gracias a todas esas personas por las que el mundo sigue girando, y nosotros también con él. Estoy seguro de que casi todos nosotros podríamos hacer una larga lista con los nombres de todas aquellas personas que en diferentes ámbitos, como los de la política, el pensamiento, la ciencia o el arte, han pasado a la historia por actuar contra la injusticia, en favor de la libertad y la igualdad, y por defender el bien, incluso en ocasiones poniendo en riesgo su propia vida. Y junto a todas esas personas, podríamos situar a las que, de una forma más discreta y anónima, han hecho o hacen igualmente el bien en sus propios ámbitos, cada día, de forma cotidiana, y contribuyen a hacer también, por tanto, nuestra vida mejor. Y pienso ahora, por ejemplo, en la persona que nos atiende amablemente en el supermercado o en una tienda, o en el conductor del autobús, o en las personas que nos atienden en un centro de salud o en un hospital, o en la persona anónima que nos ha dado una indicación correcta cuando nos habíamos perdido, o en la persona que dice cada día “te quiero” al ser que ama, o en todas las personas que tratan siempre con respeto y educación a los demás, o en cada persona que en su trabajo, sea el que sea, intenta siempre hacerlo todo lo mejor posible, pero no porque lo pueda estipular tal vez de este modo un contrato laboral, sino porque su conciencia le dice que tiene que ser y que actuar así, haciendo o intentando hacer el bien siempre. Siempre. Porque hacer el bien ni aun en sueños se pierde.

Acerca del autor

admin

Otras entradas por

Sitio web del autor

22

02 2010

La publicación de comentarios está cerrada.