El “semigolpe” de Rodríguez

El regidor popular Àlvaro Gijón acusó ayer a la alcaldesa de Palma, la socialista Aina Calvo, de haber protagonizado un “semigolpe de Estado” el pasado 5 de febrero, con la destitución de los cargos ejecutivos de UM que hasta entonces formaban parte de su equipo de gobierno. Personalmente, considero que en ningún caso y bajo ninguna circunstancia, ni siquiera como imagen retórica o metafórica, podría aplicarse ese calificativo a la decisión que tomó Calvo, pues, en mi opinión, se trataría de una decisión con la que se podrá o no estar de acuerdo -a mí me pareció un poco precipitada y no bien justificada-, pero que es absolutamente legítima, como igualmente legítimo sería para mí que el PP decidiera presentar finalmente una moción de censura, aunque personalmente lo considere inoportuno en estos momentos, a sólo un año de las próximas elecciones y con una crisis a todos los niveles en las Islas que urge, más que nunca, a que todos los partidos intenten buscar el máximo consenso y huyan de la confrontación, por el bien de toda la ciudadanía. En cambio, yo sí utilizaría la imagen del “semigolpe de Estado” para definir algo que está a punto de pasar en el seno del propio Partido Popular y que promueven el presidente de la Junta Territorial del PP de Palma, José María Rodríguez, y quienes se consideran a sí mismos como rodriguistas: impedir por la fuerza que Catalina Cirer pueda volver a ser la alcaldesa de Palma en caso de que finalmente haya una moción de censura. Si en esta ciudad hay un “César”, no es Aina Calvo, sino José María Rodríguez. ¿Ha preguntado a la militancia a quién quieren como posible nueva alcaldesa? ¿Se acuerda Rodríguez de que sólo cuenta con el voto de uno de cada cuatro afiliados populares de Palma? ¿Es tal su deseo de venganza contra Cirer porque le apartó de su lista en 2003 que hará lo que sea -lo que sea- para intentar destruirla y acabar con ella? ¿Es tal el odio y el resentimiento de Rodríguez que prefiere arriesgarse a dividir e incluso a destruir a su propio partido, y por tanto también a una parte importantísima de la ciudadanía, con tal de ver saciado su deseo de “sangre”? ¿Es que ya no se acuerda nadie de su gestión y de cómo intentaba presionar y manipular a todos los medios cuando era teniente de alcalde, estrategia que ya está practicando de nuevo ahora? ¿No hay de verdad nadie en el PP que pueda parar todo esto? Estoy seguro de que todas las personas que, de buena fe, entendían que se debían a la disciplina de partido para no cuestionarle, sienten ahora, cada día que pasa, más y más miedo y terror por todo lo que están viendo. ¡Y aún no han visto nada de lo que puede llegar a pasar! Cada vez que he hecho una valoración política de las actuaciones del pasado mandato en Cort, siempre he dicho que hubo cosas de la gestión de Cirer que no me gustaron, como hubo también otras que me parecieron excepcionales. También creo que debería de haber estado más atenta ante algunas advertencias, aunque también sé que es muy fácil decirlo desde fuera o ahora, cuando todo ya ha pasado. Pero nunca me ha cabido la menor duda de que es una persona absolutamente íntegra y honesta, como me han reconocido personas de todos los partidos, incluidos los más alejados ideológicamente del PP. “Sí, lo reconozco, al menos es honesta”, me han dicho siempre, sin una sola excepción. En cambio, nunca en mi vida, nunca, he oído decir lo mismo cuando se hablaba de Rodríguez, nunca, ni a una sola persona. Y ahora, sin embargo, quiere presentarse como el adalid de la ética y de la limpieza. ¡Crueles paradojas de la política! En el debate extraordinario celebrado en el Parlament la pasada semana, el presidente balear, el socialista Francesc Antich, concluyó su última intervención con estas palabras: “Sólo tengo una preocupación, que es la gente. Esa es mi única preocupación”. Y yo le creí, como creería igualmente a Cirer o a cualquier edil cirerista si también dijeran esas mismas palabras, y también a otras personas de otros partidos, incluido por supuesto UM, porque sé que estarían diciendo la verdad. En cambio, estoy completamente seguro de que la gente, de que las personas, no han importado, ni importan, ni importarán nunca ni a Rodríguez ni a quienes le apoyan o le defienden, porque, invariablemente, son muy otros los intereses que alientan siempre a los golpistas o a quienes, aunque sólo sea metafóricamente, los toman como modelos o siguen sus tácticas. El “semigolpe” de Rodríguez se está ya fraguando. Ojalá que, por el bien y el futuro de esta ciudad y de sus gentes, y de la democracia, aún sea posible el poder evitarlo.

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02 2010

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  1. myopinion #
    1

    no tengo tanto conocimiento de la política municipal para poder opinar, pero sí que es cierto que j. maría rodríguez no es, a todas luces, trigo limpio. basta con recordar su famosa conversación (que siempre negó, pese a estar grabada) con el ex alcalde de Andratx.

    Sea como sea, asquea bastante lo poco preocupados q parecen estar los políticos en esta comunidad (y en este país) por sacar a sus habitantes adelante y lo mucho que están en tener o mantener el poder.