El comedor escolar

Cerca de casa hay un colegio que desde hace ya algunos años tiene servicio de comedor al mediodía. A veces, al pasar junto a él, cuando voy a comprar el periódico a última hora de la mañana, oigo el bullicio de los niños y las niñas a la hora del almuerzo, que creo que aún se prepara en el mismo centro escolar. En esos momentos, me gusta pensar que para esos pequeños felizmente bulliciosos la hora de la comida es casi como un instante de fiesta y de alegría, y también que comprenden que sus padres trabajan y que por eso no pueden estar con sus hijos todo el tiempo que seguramente desearían. Esos pequeños son el futuro, y nosotros, ay, ya sólo un diminuto fragmento del presente, pero aun así, o quizás por eso mismo, tenemos una responsabilidad con todos y cada uno de ellos, como la tenemos también con las personas mayores. A veces, es posible que nosotros mismos no sepamos muy bien cómo hemos podido llegar hasta aquí, hasta la edad adulta, más o menos bien o en condiciones, y cómo han podido pasar los años tan deprisa desde que dejamos de ser niños, pero, seguramente, casi ninguno de nosotros querría volver ahora atrás y empezar otra vez de nuevo, porque ahora sabemos que el destino o las circunstancias nos suelen poner a prueba en muchas más ocasiones de las que seguramente hubiéramos pensado o deseado cuando éramos niños, aunque haya igualmente momentos de una belleza y de una plenitud extremas, como quizás nunca pudimos llegar a imaginar. Los niños y las niñas de ese colegio próximo a casa, y los de muchos otros colegios, seguirán estudiando, como en su día hicimos también nosotros, y un día, casi sin darse cuenta, dejarán también la escuela, y serán adolescentes, y se enamorarán, y se desenamorarán, y se volverán a enamorar nuevamente, o no, y seguirán estudiando o buscarán un empleo. Y un día, casi sin darse cuenta, alguno de ellos será un adulto que pasará una mañana delante de un colegio, quizás con servicio de comedor escolar al mediodía, y al escuchar el bullicio de unos niños pensará, tal vez, en lo rápido que pasa siempre la vida, en lo rápido que, a diferencia de lo que ocurre en los tiempos verbales, el futuro pasa a ser finalmente ya sólo un muy diminuto fragmento del tiempo presente.

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03

02 2010

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