Archivo de febrero, 2010

Enrique Urquijo

Era una mañana de septiembre, tendría yo tres o cuatro años, y estaba en clase, en una guardería que había cerca de la Plaça Josep Maria Quadrado. Aquella mañana me castigaron de cara a la pared y me obligaron a ponerme mi sillita del pupitre encima de la cabeza, creo que por haber roto sin querer la punta de mi lápiz para dibujar, y mientras la maestra me reñía y mis compañeros se reían o se metían conmigo, supe ya que no encajaba en este mundo y que, seguramente, no encajaría ya nunca en él, del mismo modo que también pensé entonces que quizás era mejor no decírselo a nadie, porque pensaba que, muy posiblemente, nadie me entendería tampoco ya nunca. Entonces aún no sabía que había otros niños y otras niñas que también se sentían así, en las guarderías de mi ciudad y también de otras ciudades de mi país y del resto del mundo, así que, de algún modo, todos nosotros conformábamos, sin saberlo, una especie de hermandad secreta, integrada por todos los niños y niñas perdidos, desubicados, solitarios y melancólicos del mundo. Uno de esos niños era, no tengo ninguna duda de ello, Enrique Urquijo, que fue el alma de Los Secretos durante casi dos décadas y a quien descubrí cuando yo tenía apenas 17 años, la primera vez que escuché su para mí genial canción Déjame. Y en ese momento supe que ya nunca más volvería a sentirme solo en el mundo, pasase lo que pasase a partir de entonces en mi vida, porque un integrante de esa todavía hoy nunca reconocida hermandad secreta, Enrique Urquijo, daría a conocer, a través de sus hermosísimas canciones, todos sus sentimientos de amor y de desamor, de esperanza y de soledad, que en cierto modo eran también los nuestros y que nosotros no sabíamos muy bien cómo expresar. Algo igual o muy parecido a ese descubrimiento de que ya no estamos solos debe de ser también, seguramente, el amor. Los años irían sucediéndose y Los Secretos -o Enrique Urquijo y Los Problemas- fueron publicando sucesivos discos con canciones inolvidables como Sobre un vidrio mojado, Otra tarde, Hoy no, No me imagino, Buena chica, Cambio de planes -lloré la primera vez que la escuché-, Volver a ser un niño, Y no amanece, Colgado, Pero a tu lado, Tu tristeza, Aunque tú no lo sepas y tantas otras, incluida la última que grabó Enrique, Hoy la vi, preciosa, como todas las suyas. Recuerdo que compraba cada nuevo disco de Los Secretos enseguida que sabía que había salido y lo recomendaba además siempre a todo el mundo. Y cuando alguien me decía “a mí también me encanta Enrique Urquijo”, sentía cómo se me ensanchaba el corazón, y pensaba “he aquí a un integrante de nuestra misma hermandad”. Vi actuar a Los Secretos todavía con Enrique en dos ocasiones, en Calvià y en Son Sardina. En esa segunda ocasión, en el mes de septiembre de 1988, recuerdo que había estado lloviendo durante todo el día en Palma, y que por ello se daba casi por seguro que finalmente no actuarían. Sin embargo, cuando dejó de llover, pasadas las tres de la madrugada, decidieron hacer el concierto por todas las personas, muy pocas la verdad, que habíamos estado esperando durante varias horas en la plaza de Son Sardina, soñando con poder ver a Los Secretos actuar en directo. Recuerdo que poco antes de iniciarse el concierto, Enrique salió a comprobar el estado de todo el equipo de música, y sonrió a las personas que estábamos allí con esa sonrisa tan característica suya, hecha de timidez, dulzura, desvalimiento y una extrema bondad. Era una sonrisa que te invitaba a querer protegerle siempre y que te movía también siempre a querer darle un abrazo lleno de ternura y de afecto con el mismo fin protector. Persona de una extrema sensibilidad y marcada por fuertes depresiones, Enrique fallecería el 17 de noviembre de 1999. Sólo tenía 39 años. Un año después, su hermano Àlvaro decidió que Los Secretos continuasen existiendo como grupo, como el mejor modo de recordar y de no olvidar nunca a Enrique, y, por fortuna, así ha sido hasta hoy. Cuando miro hacia atrás, me doy cuenta de que aquella lejana mañana de septiembre de mi infancia yo no andaba del todo equivocado, pues realmente nunca llegué a encajar ni creo que encajaré ya tampoco nunca en este mundo, pero gracias a Enrique Urquijo y a otros integrantes -anónimos o públicos- de aquella solidaria y hermosa hermandad secreta, ya nunca más me he vuelto a sentir solo en este mundo, por muy solo que en ocasiones haya estado o tal vez haya creído estar.

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02 2010

Nunca hasta hoy

Nunca hasta hoy había aparecido el nombre de Maria Antònia Munar en ninguno de los más de dos mil artículos que había publicado hasta ahora, nunca, hasta hoy, en ningún artículo. Era mi personal y voluntaria manera de intentar contrarrestar, por mi manera irrenunciable de entender el periodismo, los cientos y cientos de artículos, editoriales e informaciones absolutamente laudatorias y acríticas -iba a decir falsas, pero esto quizás sería decir demasiado- que he leído durante tres décadas sobre su persona o sobre su manera de hacer política, que en algunos momentos ha sido casi inseparable de la manera de hacer política de buena parte de Unió Mallorquina, que, digámoslo claro, era un modo de actuar basado esencialmente en el clientelismo, y no en unos principios políticos o en una ideología nacionalista, como falsamente se nos quería hacer creer. Y ese clientelismo llegaba a -y asfixiaba- todos los ámbitos de nuestra sociedad, sin dejar ni uno solo libre, incluidos los medios de comunicación. De hecho, los pocos medios que parecían oponerse a Maria Antònia Munar no lo hacían, al menos en un principio, para denunciar ese clientelismo, sino, al contrario, porque ellos no formaban parte del mismo ni recibían dinero de las instituciones en las que estaba presente Unió Mallorquina. Siempre deseé que pudiera llegar un día como el de ayer, pero casi siempre creí que sería prácticamente imposible. ¡Cuántas “lecciones” de periodismo recibí durante estos años por defender a Catalina Cirer o a Aina Calvo! ¡Cuántos periodistas sin escrúpulos ni principios las destrozaron, las humillaron, las menospreciaron, sólo porque sabían que tenían vía libre para poder hacerlo, y se ensañaron además brutalmente con ellas, mientras que esos mismos periodistas defendieron, ensalzaron y alabaron continuamente y sin medida a Miquel Nadal o a Maria Antònia Munar, sabiendo que en el fondo estaban mintiendo, y que, por tanto, estaban haciendo lo peor y más execrable que puede llegar a hacer un periodista, que es intentar engañar a la ciudadanía! Desde hacía ya muchos años se comparaba de forma metafórica a Mallorca con Marbella o con Sicilia, lo que quiere decir que el clientelismo había arraigado ya de tal manera en nuestra sociedad, que parecía haberlo podrido ya todo, pero, afortunadamente, ahora vemos que no ha sido así, o al menos no del todo. Si, presuntamente, determinadas personas que deberían de haber sido un referente ético y moral para todos los ciudadanos y ciudadanas actuaron de forma contraria a la ley, es porque sabían que hicieran lo que hicieran serían siempre defendidas, hicieran lo que hicieran, gracias a esa perversa red de clientelismo, que aparece siempre en todos los lugares en donde hay un partido “bisagra” o en donde un mismo partido ostenta siempre el poder. Sólo en los poquísimos casos en que, por una serie de conjunciones afortunadas, los promotores del clientelismo acaban declarando un día en los Juzgados y finalmente confesando, dejan de tener la protección de quienes hasta casi justo sólo un día antes aún les apoyaban o defendían. La verdad es que es casi como un milagro lo que ha sucedido ahora, porque hay que ser muy valiente -o muy loco- para oponerse al clientelismo, para rechazarlo, para denunciarlo, pues ello supone, paradójicamente, ser casi como un apestado en nuestra muy respetabilísima sociedad mallorquina o arriesgarse a quedarse tal vez sin trabajo y a no poder encontrar quizás ya ninguno. Gracias a unas pocas personas valientes y honestas, en diversos ámbitos, como el del periodismo o el de la Justicia, ha sido esta vez posible poder mostrar la vertiente delictiva de ese clientelismo, en estos momentos aún presuntamente. Sin embargo, por desgracia, cuando una red clientelar es eliminada, siempre aparece de inmediato otra, e incluso, lo que es aún mucho peor, en ocasiones conviven varias en el seno de un mismo partido, por lo que aunque una pueda caer en un determinado momento, como ha ocurrido ahora, otra redes clientelares siguen en perfecto estado de salud y actuando en otros marcos o instituciones. Por todo ello, todo lo que hemos vivido en estos años, o bien sigue aún por otras vías, o bien se volverá a repetir, sin ninguna duda, sólo que con otros protagonistas o con los mismos protagonistas de siempre que vivieron durante un tiempo en el ostracismo y que ahora vuelven a estar en primera línea de la actividad política. De hecho, ya está a punto de aparecer una nueva, o renovada, según se mire, red de clientelismo, que se hará presente a través de una moción de censura y cuyo objetivo está ya muy claro: es el Ajuntament de Palma. Todos sabemos lo que está a punto de pasar de nuevo en el consistorio palmesano, es la crónica de una muerte anunciada, la de la transparencia y la honestidad a manos de la mentira y la corrupción, pero como ocurría en la magistral novela de Gabriel García Márquez, no parece que haya nadie dispuesto a arriesgarse y a intentar evitar dicha muerte. Durante estos últimos años siempre pensé que había habido, realmente, un cierto ensañamiento contra el Partido Popular, más allá de los casos de corrupción o de presunta corrupción que les han afectado, y siempre estuve absolutamente seguro de que la práctica totalidad de sus dirigentes, cargos y militantes no sospechaban ni sabían lo que algunos compañeros de partido habían hecho. Esa convicción se ha mantenido y se mantiene inalterable aún, y la he defendido y la defenderé siempre, cuando sea y donde haga falta. Pero si el PP permite ahora que haya una moción de censura en el Ajuntament de Palma en las condiciones en que va a hacerse y promovida por quien la ha impulsado -pese a la oposición clara de su propio partido-, el señor José María Rodríguez y sus seguidores, la formación popular no podrá alegar en un futuro que no sabía que se iban a producir todas las corruptelas que, si dicha moción se produce, volverán a formar parte de la vida diaria de Cort por primera vez desde 2003. Cada persona que no se oponga ahora de forma clara e inequívoca a José María Rodríguez, será responsable, al menos por omisión, de todo lo que vaya a pasar en el consistorio palmesano a partir del momento en que Rodríguez vuelva a ser el amo y señor de Cort. Nadie podrá alegar que era el presidente de la Junta Territorial de Palma y que había que obedecerle. Primero, porque también en política existe la objeción de conciencia, y, segundo, porque que alguien haya sido elegido presidente a través de unas elecciones no garantiza en absoluto ni que sea un demócrata ni que actúe en favor de los principios democráticos. Bastaría con pensar ahora en la historia europea del siglo XX, más en concreto entre 1917 y 1933, y seguro que a todos se nos ocurrirían, como mínimo, tres o cuatro nombres. Quiero creer que la regeneración en la política aún es posible, y que los buenos -en este caso la práctica totalidad del PP- aún podrán ganar a los malos -en este caso una persona del PP y quienes le apoyan-, y quiero creerlo porque, en cambio, pienso que dicha regeneración parece ser ya, salvo contadísimas excepciones, prácticamente del todo imposible en el campo del periodismo.

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02 2010

Sólo siete años

Estos días he sentido verdadera vergüenza del nivel de una parte de nuestra clase política cuando algunos representantes del PP y de UM han hablado de comportamientos fascistas, antidemocráticos, dictatoriales o caudillistas para referirse a la alcaldesa de Palma, la socialista Aina Calvo, la misma vergüenza que sentía cuando en el pasado mandato se aplicaban los mismos calificativos u otros muy semejantes desde el PSOE, EU-EV o el PSM a la entonces alcaldesa de la ciudad, la popular Catalina Cirer. Los excesos verbales de una parte de nuestra clase política y de los propios periodistas parecen ser, por desgracia, cada vez más habituales en nuestro país, y son, a la vez, uno de los síntomas más significativos de la grave crisis en que nos encontramos. En este caso las víctimas de dichos excesos serían Aina Calvo y Catalina Cirer. Desafortunadamente, ambas no se han llevado nunca demasiado bien, y me temo que, ay, ya nunca llegarán a hacerlo, y es una lástima, porque, para mí, siendo tan diferentes, representan ambas las dos caras de una misma moneda, la de la honestidad y la integridad. La renovación que inició Cirer en 2003, visto ahora con una cierta perspectiva, quizás era imposible que pudiera concluirla ella misma. Eran demasiados años de José María Rodríguez como teniente de alcalde y de rodriguistas en el consistorio palmesano, con todo lo que ello suponía de malo y de terrible para nuestra ciudad. El intento radical de vuelta a la decencia que supuso la llegada de Cirer, se vio lastrado casi desde el primer instante por tantos años de oscuras inercias y porque en su propio equipo había rodriguistas irredentos, que nunca dejaron de conspirar en favor de su líder, y que, por ello, desgastaron y perjudicaron a Cirer mucho más de lo que quizás lo pudieron llegar a hacer nunca la oposición o los propios desaciertos en la gestión, que también los hubo, claro. Todo ello mientras Rodríguez hacía y deshacía como secretario general del PP balear con Jaume Matas al frente del partido y del Ejecutivo autonómico. Si ahora Rodríguez quiere que dimitan los dos ediles populares que estaban imputados en casos de presunta corrupción, Rafel Durán y Marina Sans, no es para eliminar cualquier posible atisbo de sospecha de connivencia con la corrupción, no, en absoluto, es, por el contrario, porque ambos ediles suponen un “estorbo” para sus ansias desmedidas de recuperar de nuevo el poder, una vez más por persona interpuesta. Así que si nadie lo impide, está de nuevo a punto de entrar en Cort la misma corrupción de siempre, la de toda la vida, la que creímos definitivamente derrotada, primero en 2003 y luego en 2007, pero que en realidad sólo quedó entonces agazapada y dormida. La moción de censura que están preparando Rodríguez y lo suyos -y en ningún caso el PP, que nadie se confunda- no es para intentar dar estabilidad institucional a Cort o para intentar mejorar la vida de la ciudadanía, no, en absoluto, es sólo para intentar que vuelva al Ajuntament de Palma todo lo que ya vivimos cuando Rodríguez era regidor -todo ello presuntamente, claro-, es decir, el clientelismo, las adjudicaciones de contratos como mínimo dudosas -que ningún técnico quería firmar o avalar-, el pago por campañas de publicidad que nunca se hicieron, los sobres, las comisiones, la manipulación de las cuentas, la ilegalidad en la gestión de algunas áreas, la filtración de mentiras o de noticias interesadas a periodistas sin escrúpulos -hay muchos- o las amenazas a los compañeros de profesión honestos e independientes -hay pocos-. Siete años después, la corrupción está a punto de entrar de nuevo a lo grande en el Ajuntament de Palma, para reinar nuevamente en todo su esplendor. Hace unos días, comenté a un regidor del actual equipo de gobierno que, para mí, el equipo de Cirer era y fue esencialmente honesto, con alguna excepción, mientras que en mi opinión cualquier equipo promovido por Rodríguez sería -de nuevo presuntamente, claro- esencialmente corrupto, aunque también, por supuesto, con alguna excepción. Y dicho regidor estuvo completamente de acuerdo. Si alguna vez algún lector o alguna lectora han creído y han confiado en mí, si han creído en la veracidad y en la ecuanimidad de las informaciones que publicaba o en la sinceridad y fundamentación de las opiniones que expresaba, les pido que, por favor, confíen una vez más en mí, y que, por favor, me crean cuando les digo que, en mi opinión, la palabra del señor Rodríguez no vale nada, absolutamente nada, como se está demostrando de nuevo en estos últimos días. Y lo mismo que pienso de su palabra lo pienso también de su gestión. Y como creo en la resistencia pacífica, educada y siempre respetuosa con las personas, si alguna vez me topo con él por una calle de Palma, simplemente cambiaré de acera. Mi único consuelo en estos instantes es pensar que dentro de unos años, cuando mire hacia el pasado de mi querida ciudad, siempre podré decir que al menos entre 2003 y 2010 hubo en Palma dos alcaldesas íntegras y honestas, y siete años de transparencia y de democracia. ¡Ojalá esté equivocado y al final puedan ser mucho más de siete años!

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02 2010

Una balada muy hermosa

Hay una balada muy hermosa de Duran Duran, ‘Ordinary world’ (‘Mundo corriente’), que me gusta sobre todo escuchar en las noches en que estoy más nostálgico, en las noches en que, por las razones que sea, no puedo dormir, y así, de este modo, mientras escucho esa preciosa canción, empiezo a andar o a pasear, poco a poco, por mis recuerdos de juventud, y siento entonces una muy profunda melancolía. Cierro los ojos, y los abro en mi mente, y he retrocedido en apenas un instante veinticinco años en el tiempo, aproximadamente, y me encuentro en un pub de Palma un sábado por la noche jugando al billar con mi buen amigo Luis, que casi siempre me gana. O salgo a pasear solo y solitario algunas tardes, algunas madrugadas o algunas noches. Muchas calles y plazas tienen una luz que a mí me parece siempre un poco triste, aunque quizás sea yo el que refleja en ellas su propia tristeza. En los pubs más modernos de nuestra ciudad hay pantallas gigantes en donde podemos ver los grandes éxitos de los mejores grupos del pop británico, que nos parecen maravillosos, al igual que los grandes éxitos de los grupos españoles. Y nos gustan también la forma de vestir y los peinados de todos esos artistas, y también la delicadeza y la elegancia con la que están realizados la mayor parte de videoclips musicales. Como no tenemos muchos recursos económicos, la mayor parte del tiempo paseamos, sólo paseamos. Y en el fondo de nuestro corazón deseamos que algo cambie en nuestras vidas, que nuestro futuro sea un poco mejor de lo que lo es ahora nuestro presente, a mediados de los años ochenta. En las discotecas también predomina la juventud y la elegancia, tanto entre quienes buscan quizás el amor de su vida como entre quienes buscan tan sólo un amor que dure apenas unas pocas horas. Nosotros, por nuestra parte, sólo observamos, como espectadores, pero también pensamos en ese amor que sabemos que un día habrá de llegar y de marcar nuestras vidas, que en nuestro caso no aparecerá, o no lo hará, al menos, entonces. En invierno, Palma nos parece todavía una ciudad un poco levítica y decimonónicamente romántica, y algo más antigua de lo que quizás sea ya en realidad. Los días pasan lentos, y pensamos, ingenuamente, que los años ochenta no se acabarán tal vez jamás, que durarán siempre. Cierro los ojos otra vez, y los abro de nuevo, y he vuelto ya al tiempo presente. Esas mismas calles y plazas que hace veinticinco años un día recorrimos, nos recuerdan ahora, en cierto modo, todas las cosas que no volverán, todas las cosas ya para siempre perdidas. “¿Qué le ha pasado a todo?/ Loco, algunos me dirán./ ¿Dónde está la vida que yo reconozco?/ Se fue./ Pero no lloraré por el ayer,/ hay un mundo corriente/ que, de alguna forma, debo encontrar”, cantaba Duran Duran años atrás, y su muy hermosa canción me recuerda también ahora que en cada momento de nuestras vidas, de nuestro muy cambiante mundo corriente, hay siempre un camino que, de alguna forma, debemos todos intentar encontrar.

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02 2010

Desde el cielo

Siendo aún un niño, recuerdo que siempre me hizo una especial ilusión pensar que tal vez podría haber vida inteligente en otros planetas, y que quizás un día vendrían a visitarnos representantes de alguna muy avanzada civilización extraterrestre, como veíamos en las películas y en las series y documentales de la televisión. Mi convicción era entonces que si un día finalmente venían, seguramente sería en son de paz y que, además, serían seres muy parecidos a nosotros, aunque algunas películas de ciencia ficción de los años cincuenta me hacían albergar ciertas dudas en ambos sentidos. Recuerdo también que entonces me preocupaba de una manera muy especial la posibilidad de que esas naves alienígenas quizás no llegasen a descubrir que en nuestro planeta había vida, a pesar de su, sin duda, muy avanzada tecnología, porque pensaba que pasarían tal vez a una excesiva altura y distancia. Desconocía incluso si serían capaces de poder percibir los colores como nosotros lo hacemos, pero pensaba que si pudieran hacerlo, seguramente dirían, en su propio lenguaje extraterrestre, claro, que el nuestro era un hermoso planeta azul. Pero me ponía triste el pensar que quizás desde el cielo sólo verían eso, un hermoso planeta azul, y nada más, y que pasarían de largo, sin detenerse ni llegar a saber nunca que en ese hermoso planeta hay vida, y personas que nacen, y viven, y aman -o tal vez odian-, y mueren, personas que están tristes o alegres, que sueñan o sufren, que se enamoran y aprenden. Y que mientras eso sucede, van pasando los días y las noches, los años y las estaciones, y que en nuestras vidas influyen también los satélites y las estrellas, y que el mundo ha cambiado y sigue cambiando mucho en su superficie, aunque desde el cielo quizás no lo parezca. Como entonces yo era una persona especialmente predispuesta a soñar, pensaba que en caso de ser finalmente descubiertos, tenía alguna posibilidad de ser elegido por esos amigos extraterrestres, entre los seis mil millones de habitantes del planeta, para subir a su nave espacial y hacer un pequeño viaje, para estar ya de vuelta en casa a la hora de la cena. Y mientras me llevasen de aquí para allá, aunque a poder ser no más lejos de Venus o de Marte, yo les habría contado que cuando los seres humanos tenemos una esperanza, o rezamos una plegaria, o soñamos un sueño, miramos siempre hacia las estrellas, miramos siempre hacia el cielo. Allí en donde todavía creo que tal vez algún día nos descubrirán -me descubrirán- también ellos.

24

02 2010

El “semigolpe” de Rodríguez

El regidor popular Àlvaro Gijón acusó ayer a la alcaldesa de Palma, la socialista Aina Calvo, de haber protagonizado un “semigolpe de Estado” el pasado 5 de febrero, con la destitución de los cargos ejecutivos de UM que hasta entonces formaban parte de su equipo de gobierno. Personalmente, considero que en ningún caso y bajo ninguna circunstancia, ni siquiera como imagen retórica o metafórica, podría aplicarse ese calificativo a la decisión que tomó Calvo, pues, en mi opinión, se trataría de una decisión con la que se podrá o no estar de acuerdo -a mí me pareció un poco precipitada y no bien justificada-, pero que es absolutamente legítima, como igualmente legítimo sería para mí que el PP decidiera presentar finalmente una moción de censura, aunque personalmente lo considere inoportuno en estos momentos, a sólo un año de las próximas elecciones y con una crisis a todos los niveles en las Islas que urge, más que nunca, a que todos los partidos intenten buscar el máximo consenso y huyan de la confrontación, por el bien de toda la ciudadanía. En cambio, yo sí utilizaría la imagen del “semigolpe de Estado” para definir algo que está a punto de pasar en el seno del propio Partido Popular y que promueven el presidente de la Junta Territorial del PP de Palma, José María Rodríguez, y quienes se consideran a sí mismos como rodriguistas: impedir por la fuerza que Catalina Cirer pueda volver a ser la alcaldesa de Palma en caso de que finalmente haya una moción de censura. Si en esta ciudad hay un “César”, no es Aina Calvo, sino José María Rodríguez. ¿Ha preguntado a la militancia a quién quieren como posible nueva alcaldesa? ¿Se acuerda Rodríguez de que sólo cuenta con el voto de uno de cada cuatro afiliados populares de Palma? ¿Es tal su deseo de venganza contra Cirer porque le apartó de su lista en 2003 que hará lo que sea -lo que sea- para intentar destruirla y acabar con ella? ¿Es tal el odio y el resentimiento de Rodríguez que prefiere arriesgarse a dividir e incluso a destruir a su propio partido, y por tanto también a una parte importantísima de la ciudadanía, con tal de ver saciado su deseo de “sangre”? ¿Es que ya no se acuerda nadie de su gestión y de cómo intentaba presionar y manipular a todos los medios cuando era teniente de alcalde, estrategia que ya está practicando de nuevo ahora? ¿No hay de verdad nadie en el PP que pueda parar todo esto? Estoy seguro de que todas las personas que, de buena fe, entendían que se debían a la disciplina de partido para no cuestionarle, sienten ahora, cada día que pasa, más y más miedo y terror por todo lo que están viendo. ¡Y aún no han visto nada de lo que puede llegar a pasar! Cada vez que he hecho una valoración política de las actuaciones del pasado mandato en Cort, siempre he dicho que hubo cosas de la gestión de Cirer que no me gustaron, como hubo también otras que me parecieron excepcionales. También creo que debería de haber estado más atenta ante algunas advertencias, aunque también sé que es muy fácil decirlo desde fuera o ahora, cuando todo ya ha pasado. Pero nunca me ha cabido la menor duda de que es una persona absolutamente íntegra y honesta, como me han reconocido personas de todos los partidos, incluidos los más alejados ideológicamente del PP. “Sí, lo reconozco, al menos es honesta”, me han dicho siempre, sin una sola excepción. En cambio, nunca en mi vida, nunca, he oído decir lo mismo cuando se hablaba de Rodríguez, nunca, ni a una sola persona. Y ahora, sin embargo, quiere presentarse como el adalid de la ética y de la limpieza. ¡Crueles paradojas de la política! En el debate extraordinario celebrado en el Parlament la pasada semana, el presidente balear, el socialista Francesc Antich, concluyó su última intervención con estas palabras: “Sólo tengo una preocupación, que es la gente. Esa es mi única preocupación”. Y yo le creí, como creería igualmente a Cirer o a cualquier edil cirerista si también dijeran esas mismas palabras, y también a otras personas de otros partidos, incluido por supuesto UM, porque sé que estarían diciendo la verdad. En cambio, estoy completamente seguro de que la gente, de que las personas, no han importado, ni importan, ni importarán nunca ni a Rodríguez ni a quienes le apoyan o le defienden, porque, invariablemente, son muy otros los intereses que alientan siempre a los golpistas o a quienes, aunque sólo sea metafóricamente, los toman como modelos o siguen sus tácticas. El “semigolpe” de Rodríguez se está ya fraguando. Ojalá que, por el bien y el futuro de esta ciudad y de sus gentes, y de la democracia, aún sea posible el poder evitarlo.

23

02 2010

Hacer el bien

El mal o la maldad quizás suelan ser, por su misma condición, mucho más visibles que el bien o la bondad, incluso cuando se pretenden ocultar, porque quien es capaz de provocar sufrimiento o dolor está alterando siempre, en mayor o menor medida, el orden de las cosas, el orden del mundo, y eso es algo que siempre acaba dejando una huella, por mucho que en determinadas ocasiones se quiera esconder. También es cierto que el poder del mal puede llegar a parecer, a veces, incluso superior al del bien, sobre todo cuando los malvados obtienen ciertas victorias parciales, pensemos, por ejemplo, en todos los regímenes autoritarios que ha habido a lo largo de la historia o en las vulneraciones de derechos humanos y en las distintas formas de violencia que aún hoy se producen en muchos lugares y países. Pero si pese a ello el mundo sigue todavía hoy en pie, es por todas las personas que actúan o que intentan actuar siempre bien y de forma correcta y honesta. Es gracias a todas esas personas por las que el mundo sigue girando, y nosotros también con él. Estoy seguro de que casi todos nosotros podríamos hacer una larga lista con los nombres de todas aquellas personas que en diferentes ámbitos, como los de la política, el pensamiento, la ciencia o el arte, han pasado a la historia por actuar contra la injusticia, en favor de la libertad y la igualdad, y por defender el bien, incluso en ocasiones poniendo en riesgo su propia vida. Y junto a todas esas personas, podríamos situar a las que, de una forma más discreta y anónima, han hecho o hacen igualmente el bien en sus propios ámbitos, cada día, de forma cotidiana, y contribuyen a hacer también, por tanto, nuestra vida mejor. Y pienso ahora, por ejemplo, en la persona que nos atiende amablemente en el supermercado o en una tienda, o en el conductor del autobús, o en las personas que nos atienden en un centro de salud o en un hospital, o en la persona anónima que nos ha dado una indicación correcta cuando nos habíamos perdido, o en la persona que dice cada día “te quiero” al ser que ama, o en todas las personas que tratan siempre con respeto y educación a los demás, o en cada persona que en su trabajo, sea el que sea, intenta siempre hacerlo todo lo mejor posible, pero no porque lo pueda estipular tal vez de este modo un contrato laboral, sino porque su conciencia le dice que tiene que ser y que actuar así, haciendo o intentando hacer el bien siempre. Siempre. Porque hacer el bien ni aun en sueños se pierde.

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02 2010

El pasado más oscuro

En estos últimos días, hemos leído titulares muy parecidos que hacían referencia a la situación política que se está viviendo en estos momentos en Palma, titulares que, de algún modo, podrían resumirse en uno igual o muy parecido a éste: “El PP prepara una moción de censura en Cort”. Y como es cierto que en un titular nunca se puede expresar todo, y ni siquiera tampoco en una información, yo creo que en ocasiones así estaría muy bien poder poner un pequeño arterisco junto al titular, que nos remitiera a una nota a pie de página contextualizadora o aclaratoria, que si en este caso pudiera ser escrita por mí, podría decir algo así como: “José María Rodríguez y los ‘rodriguistas’, que no el PP, que parece igual pero -gracias a Dios- no es lo mismo, están preparando una moción de censura en Cort, a espaldas, aunque quizás sólo para querer darnos una pequeña sorpresa a todos, de la mayor parte de ediles del Grupo Municipal Popular, y, por tanto, también de la ciudadanía, e incluso de la actual dirección insular, que no local, de UM, filtrando de forma interesada -aunque muy discreta y elegantemente, eso sí- noticias a unos medios para desmentirlas o matizarlas al día siguiente o incluso el mismo día en otros, y viceversa, algo que no parece importar tampoco demasiado a buena parte de nuestra querida y muy amada profesión periodística, que, por otra parte, y ya dispuestos a ser por una vez y sin que sirva de precedente absolutamente sinceros, muchas veces parece estar más preocupada por la posibilidad de conseguir una exclusiva que no por el modo en cómo se haya podido lograr o por quién haya podido ser la persona que la haya pasado, pequeño detalle que quizás deberíamos intentar tener un poco más en cuenta, sobre todo en determinados casos y cuando tan a menudo los periodistas nos ponemos más estupendos que George Clooney, metafóricamente hablando, claro, escribiendo de ética, y opinando, y dando lecciones de moralidad a todo el mundo, empezando, ay, por la clase política. Otro detalle que quizás convendría también tener en cuenta debería ser que Catalina Cirer encabezaba la lista de Cort por el PP en 2007 y que aún es regidora, por lo que si uno cree de verdad en la democracia -algo que en el caso de Rodríguez yo muy humilde y presuntamente pondría en duda-, debería ser Cirer la candidata en esa hipotética moción de censura, lo que no ocurrirá, porque todos sabemos que Cirer no quiso en 2003 que Rodríguez formase parte de su lista, y no creo que sólo fuera porque durante un tiempo, siendo teniente de alcalde, no pagaba las multas que el propio Ayuntamiento le imponía. Como esta quiere ser una nota a pie de página ponderada y justa, también hay que destacar las virtudes de Rodríguez, que sin duda las tiene, como que desde hace años trabaja desde muy temprano, incluso desde antes de las ocho, en su despacho, haciendo o recibiendo llamadas telefónicas, o que sabe canalizar muy bien el resentimiento, la ambición sin límites o la mediocridad de muchas de las personas que le rodean, sentimientos que él ayuda a dirigir hacia otras personas, para que así no se pierdan, del modo que sea y cuando haga falta. Aquí sí que de verdad me descubro ante su gran conocimiento de la condición humana. Además, no hay que olvidar que fue nada menos que secretario general del PP balear, cuando el presidente era Jaume Matas, y que ahora es el presidente de la Junta Territorial de Palma, aunque sólo sea, también es cierto, con sólo el voto de uno de cada cuatro afiliados. Por no hablar de su rebeldía, casi como la de James Dean, casi, pues ni la dirección nacional ni la regional querían que volviera a presentarse para dicho cargo, creo que tampoco no sólo por el asunto aquel de las multas, y él se presentó, y aquí está, tal cual, como siempre, esta vez preparando una moción de censura”. Como hipotética nota a pie de página, es posible que este escrito me quedase, tal vez, un poquito largo, así que dicha nota podría ser, en realidad, otro titular: “Los ‘duendes’ no quieren o no quisieran que el pasado más oscuro regrese a la ciudad”, aunque debo reconocer que esa terrorífica referencia a la oscuridad y a algo que yo ingenuamente creí ya para siempre superado a partir de 2003 en Cort, no es mía, sino de quien en estos momentos es aún la legítima alcaldesa de Palma.

21

02 2010

La hora del recreo

Hacía tiempo que no salía a pasear un poco por la ciudad a media mañana, y ayer, aprovechando que tenía que hacer varias cosas en el centro -mi familia dice que hasta cuando paseo soy centrista-, lo hice, con la gran suerte de que pasé al lado de una escuela justo a la hora del recreo matinal, por lo que pude oír ese bullicio inconfundible que, por muchos años que pasen, nunca parece cambiar con el tiempo. Desde hace ya varios años, las leyes educativas van sucediéndose unas a otras casi sin descanso en nuestro país, mientras se modifican también los planes de estudio, en un mundo en el que todo parece cambiar con gran celeridad y en el que, seguramente, los pequeños de hoy en día manejan el ordenador o la play con mucha mayor destreza y habilidad, y mucho mejor, de lo que lo llegaré a hacer yo nunca. Pero, por fortuna, la hora del recreo sigue siendo igual que siempre, es decir, la hora del recreo. La mayor parte de niños y niñas juegan, y corren, y gritan, sobre todo gritan y corren, en ocasiones sólo por correr, de aquí para allá, sin un por qué ni tampoco un destino fijo o concreto, mientras unos pocos se quedan charlando en un pequeño corro o se sientan, solitarios, en un rincón, como si, de alguna manera, pudiera vislumbrarse ya, a modo de preludio o de avance, cómo pueden llegar a ser también sus respectivos caracteres al llegar a la edad adulta. En la hora del recreo, hay también siempre un profesor o una profesora vigilando para que nadie se haga daño, e intentando evitar al mismo tiempo que haya peleas. Y se juega a fútbol o al baloncesto, y se discute sobre si hubo fuera de juego o si fue penalti, o si fueron pasos o si el tiro era de dos o de tres puntos. En la infancia, suele ser tanta nuestra energía, que a veces parece que sólo tenemos ganas de correr y de saltar, incluso cuando vamos con nuestros padres, o sobre todo quizás porque vamos con ellos, porque con los abuelos, en cambio, siempre solemos comportarnos extremadamente bien. En mis años de infancia, reconozco que yo no tuve nunca mucha energía, así que en la hora del recreo yo era de los niños que, o bien se quedaban solitarios, pensativos y melancólicos en un rincón, o bien, cuando jugaban a fútbol, lo hacían en la posición más descansada y mejor para la merienda que uno podía tener, si contaba con una buena defensa y con un buen llonguet de sobrasada, claro, que era la posición de portero.

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02 2010

Alguien que nos abrace

Alguien que nos abrace, que nos dé su calor. Alguien que nos abrace en los días de invierno, en las noches de lluvia, en los crepúsculos llenos de luz, poco antes de salir o de ponerse el sol. Alguien que nos abrace, cuando tenemos miedo, o nos sentimos solos, cuando queremos sentir que de verdad estamos vivos, o como prueba verdadera de amor. Alguien que nos abrace, en el instante de la despedida, en el momento del reencuentro, para consolar también nuestra alma, o como muestra de auténtico perdón. Alguien que nos abrace, cuando nos encontremos en alguna de nuestras ciudades soñadas, o en hermosos paisajes y parajes nevados, y también en cafés coquetos y bohemios, o a bordo de un barco, de un minibús, de un tren o de un avión. Alguien que nos abrace, siempre que ocurra algo bueno, siempre que queramos compartir nuestra alegría, o tengamos cosas que celebrar, siempre que tengamos un sueño, cualquier sueño, se cumpla finalmente o tal vez no. Alguien que nos abrace, para ayudarnos a recuperar la esperanza, y también la fe, o la sonrisa, como pequeña antesala de la ilusión. Alguien que nos abrace, que desee compartir con nosotros sus sentimientos, sin importar la tierra de la que vino ni la que a nosotros nos vio nacer, sin importar tampoco nuestras ideas y creencias, ni nuestra raza, sexo o condición. Alguien que nos abrace, que nos hable en un tono de voz dulce y suave, que acaricie toda nuestra piel, que se acurruque a nuestro lado, que sienta latir nuestro corazón. Alguien que nos abrace, cuando vayan pasando los años, cuando poco a poco nos vayamos llenando de recuerdos, cuando alguna vez la memoria nos falle, cuando quizás algún día llegue la hora del adiós. Alguien, sólo alguien. Alguien que nos abrace, que nos dé su calor, para que así ambos podamos llegar a ser algún día, tal vez, ya sólo un único yo.

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