La máquina infernal de Emaya

Desde hace ya un tiempo, Emaya cuenta con lo que podríamos denominar, sin exagerar lo más mínimo, como una auténtica máquina infernal, pensada para llevar a cabo al menos una parte de su labor de limpieza, en concreto, la de retirada de hojas y papeles del suelo. Se trata de una máquina que en su diseño nos recuerda a las sierras eléctricas que se han hecho muy populares gracias a películas de terror como La matanza de Texas, Viernes 13 y todas sus posteriores y sangrientas secuelas. Si en dichas películas las sierras eléctricas destrozaban los cuerpos de las víctimas, la máquina infernal de Emaya también lleva a cabo una labor de destrucción muy similar, en este caso la de nuestros propios nervios, no sólo de lunes a viernes, sino ahora también los sábados, para nuestra desgracia y nuestra desolación más absoluta. Estoy seguro de que si los controladores medioambientales de Emaya o la Policía Verde hicieran hoy mismo una medición de los niveles de ruido que alcanzan dichas máquinas cuando están en funcionamiento, Emaya acabaría denunciando a Emaya por alteración grave de la tranquilidad de los ciudadanos. Pero dudo de que ese tipo de mediciones se lleguen a hacer alguna vez, porque, salvo contadas excepciones, a casi ningún político parece preocuparle lo más mínimo cuánto podemos llegar a sufrir los ciudadanos o si existe algún remedio para hacer desaparecer ese sufrimiento. Nunca nos hemos quejado de los camiones que cada noche recogen la basura, porque siempre hemos sido conscientes de que, dadas sus características técnicas, tenían que hacer algo de ruido. En cambio, me pregunto de quién fue idea que las citadas máquinas infernales que nos destrozan la vida cada mañana sustituyeran a los tradicionales barrenderos, hoy denominados operarios de limpieza, que tanto con una denominación como con otra siempre demostraron ser muy trabajadores, eficientes y, además, extremadamente silenciosos. ¡Cómo les echo de menos! Estoy completamente de acuerdo con Matías Vallés cuando, en un reciente artículo, consideraba como prioritario e indispensable que Palma llegase a contar con un teniente de alcalde de Silencio, o cuando señalaba que el “único objetivo” del nuevo alcalde, el popular Mateo Isern, debería de ser “lograr una Palma silenciosa y limpia”. Espero que, por el bien de todos, finalmente lo consiga, aunque todos sabemos que desde hace años este país está enfermo de ruido, profundamente enfermo. Y además, a nadie parece importarle nadie en este sentido. Nuestro día a día está conformado por vecinos que ponen la televisión o la radio a todo volumen, sea a la hora que sea, por conductores que siempre que pueden nos demuestran la gran potencia de su equipo de música, o por aficionados a poner en marcha improvisadas y ruidosas fiestas justo en medio de la calle, por supuesto siempre la nuestra, nunca la suya. En nuestro país, incluso cuando se organiza una protesta, sea por la razón que sea, nunca es silenciosa. Cuánto más ruido, mejor, parecen pensar siempre sus organizadores. Casi nunca vemos ya en casi nadie el más mínimo rastro de civismo. Así que cuando no nos encontramos con una cacerolada nos encontramos con una concentración con silbatos, bocinas e incluso algunas vuvuzelas. Más que protestar movidos por una determinada causa o razón, lo único que de verdad parece preocupar a buena parte de quienes protestan es molestar y fastidiar lo máximo posible, sin pensar nunca en nuestros pobres tímpanos ni en nuestro frágil equilibrio anímico o psicológico. A veces tengo la triste sensación de que, gobierne quien gobierne, quienes acabamos sufriendo o quedándonos sordos somos siempre los mismos.

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06 2011

La libertad de todos

El movimiento del 15-M, también denominado de los ‘indignados’, fue desde el momento mismo de su creación muy heterogéneo, si bien las distintas sensibilidades que lo integraban parecían tener, al menos en sus orígenes, el mínimo común denominador de una crítica a las carencias de nuestra democracia y al funcionamiento actual de los partidos políticos, sobre todo en estos momentos de grave crisis económica. Esa fue la idea que impulsó las distintas acampadas habidas en las principales plazas de nuestro país, con las que se podrá o no estar de acuerdo, como se podrá o no estar de acuerdo con algunas de las propuestas iniciales de este movimiento, pero lo que nadie podrá negar es que las primeras iniciativas fueron, tal y como defendieron sus promotores, efectivamente pacíficas. Sin embargo, conforme han ido pasando las semanas, una parte de los ‘indignados’, hasta ahora mínima, ha empezado a protagonizar episodios violentos, que por ahora han culminado con los incidentes vividos hoy en las inmediaciones del Parlament de Catalunya, más propios de grupos anti-sistema o de la kale borroka que no del espíritu inicial del 15-M. Lo que todos hemos podido ver u oír hoy a través de las imágenes de televisión ha sido cómo a nuestros legítimos representantes democráticos, así como a funcionarios y a periodistas, se les acosaba, se les intimidaba, se les impedía el paso, se les empujaba, se les insultaba, se les golpeaba, se les pintaba con spray, se les amenazaba de muerte, y se les lanzaban piedras y botellas. Incluso se ha intentado robar el perro guía a un diputado invidente. ¿Es así como estos ‘indignados’ creen que se mejora una democracia? Yo más bien pienso que es todo lo contrario, que es así como actúan siempre quienes intentan acabar con ella. Nunca ha habido una democracia perfecta, ni en España ni en ningún otro país, y nunca la habrá. Lo que sí puede haber, y de hecho ha habido en los últimos veinticinco siglos, son avances y mejoras, junto con algunos trágicos e indeseables retrocesos. Lo que hemos visto hoy quiero creer que es rechazado radicalmente por los verdaderos ‘indignados’, porque es la imagen misma del terror, de la barbarie, una imagen que nos recuerda o nos retrotrae a la violencia callejera que practicaban los nazis, los fascistas o los estalinistas. Hay muchas cosas que mejorar en nuestra democracia, empezando por la lucha contra la corrupción. Y si hay abusos en determinadas decisiones políticas se deben denunciar, incluyendo una posible actuación desproporcionada de las fuerzas del orden en un momento dado. Pero la “verdadera” democracia sólo puede hacerse y mejorarse entre todos, partiendo del respeto básico y previo a las personas y a la ley, sin que nadie se crea que es el único que está en posesión de la verdad o quiera imponernos, por las buenas o por las malas, su modelo de “democracia” a los demás. Dicho esto, este es, históricamente, un país de indignados. Desde ciertas columnas y medios de comunicación, se lleva inoculando el odio y la total falta de respeto hacia quien no piensa igual desde hace ya muchos años. Curiosamente, quienes han hecho de ese odio y del insulto su seña de identidad, se rasgan ahora farisaicamente las vestiduras ante un ambiente emponzoñado que, al menos en parte, han contribuido a crear. Es deber de todos intentar mejorar nuestra democracia, pero sin que ello suponga vulnerar ni uno solo de nuestros derechos como personas y como ciudadanos. A mí, quienes nunca me representan y nunca me representarán son aquellos que, traicionando el mismo movimiento del que dicen formar parte o el espíritu de lo que debería de ser el periodismo, quieren acabar con la libertad de todos, con nuestra propia libertad.

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06 2011

La luz de Jorge Berlanga

En cierta ocasión, la gran pensadora María Zambrano escribió que leer al maestro José Ortega y Gasset “daba ganas de vivir”. Esa valoración tan ajustada y certera la hice mía desde la primera vez que la leí, y desde entonces me ha gustado utilizarla para referirme también a todos aquellos filósofos, escritores o periodistas que han sido capaces de provocar siempre esa misma maravillosa sensación en sus lectores. Jorge Berlanga era, para mí, uno de esos pocos seres escogidos por los dioses que, con sus palabras y sus reflexiones, hacen nuestra vida más agradable, más plena y mejor. En sus textos y en su trato con los demás, Jorge Berlanga irradiaba siempre esa luz que solo poseen muy pocas personas, una luz hecha a un tiempo de bondad, de inteligencia, de elegancia y de amor a la vida. La mirada del autor de Un hombre en apuros, la odisea de un caballero moderno sobre las diferentes cosas que pasan o han ido pasando en nuestro país, era una mirada limpia, a veces algo descreída, pero siempre compasiva hacia los seres más desvalidos o más indefensos de nuestra sociedad. Desde sus inicios como columnista y escritor, había creado para nosotros un personaje literario inconfundible y entrañable, el de un dandi solitario, amante de la noche de Madrid y de su melancólico amanecer, sin suerte con las mujeres, especialmente fascinado por las femmes fatales, al que además los amigos daban algún que otro “sablazo” de vez en cuando, un ser que aceptaba cada una de sus derrotas sucesivas sin perder nunca la compostura, ni la educación, ni esa finísima y brillante ironía británica que le caracterizaba. Jorge Berlanga sabía, como saben los grandes maestros, como sabían también su padre Luis García Berlanga o su hermano Carlos, que solo hay dos o tres cosas sobre las que no hay que reírse nunca: el sufrimiento de los demás, el desamparo de los más débiles y la soledad de quienes no tienen a nadie que les pueda ayudar o acoger. De todo lo demás, en cambio, se puede y se debería de poder hablar o escribir siempre con una sonrisa en los labios. Empecé a leer a Jorge Berlanga en ABC y seguí leyéndole en La Razón. Aún recuerdo aquellas contraportadas en que en ocasiones coincidían Cecilia García y Jorge Berlanga. Qué delicia. Sólo con ver que ese día había un artículo de ambos, ya resultaba suficiente para alegrarme y ponerme de buen humor durante toda la jornada. Ya nunca más podrán repetirse páginas como aquellas. “El mundo en el que vivo es peor desde que ayer Jorge lo abandonó a los 52 años”, ha escrito hoy en El País Marcos Giralt Torrente. Así lo siento hoy también yo. “En los años largos de la transición democrática, la expresión más célebre en la España que amanecía era ‘De Madrid al cielo’. Despacio, sin prisas, como era él, Jorge empezó ayer a recorrer ese camino”, ha escrito, por su parte, Carmen de Carlos en ABC. Estoy seguro de que es así. Es solo que todos los que le quisimos y le admiramos sentimos hoy una profunda pena, porque el cielo, tristemente para nosotros, esta vez no pudo esperar.

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06 2011

Los peligros de la pasión

Gracias a la filosofía, al cine y a la literatura, y en ocasiones gracias también a Sálvame Deluxe, ¿Dónde estás, corazón? o incluso a las páginas de las distintas secciones de los periódicos, hemos sido conscientes en mayor o menor medida de los peligros ciertos que conllevan algunas pasiones sexuales o amorosas cuando son llevadas o vividas prácticamente al límite. Sin embargo, hasta ahora parecía faltarnos una base científica sobre la que poder fundamentar esa idea. Por fortuna, desde hace unos pocos meses contamos con el riguroso estudio A detailed look at sex injuries, en el que se nos habla, desde una perspectiva que podríamos considerar como más o menos inédita, de algunos de esos peligros ligados de manera directa a nuestra vida afectiva y sentimental, en concreto, de los relacionados con los posibles daños materiales y lesiones físicas que puede llegar a provocarnos el frenesí amoroso cuando se encuentra más o menos fuera de control, que, por otra parte y valga la redundancia, suele ser, me temo, lo más habitual. Según dicho estudio, los objetos que pueden resultar más dañados durante una noche de pasión y de lujuria son la base de la cama -algo sin duda previsible-, así como también botellas, vasos de vino y tazas de té -nada se dice, en cambio, del café-, además de marcos de fotografías, cajones de las mesitas de noche, floreros, sillas, paredes, puertas y ventanas. Así que en algunas habitaciones, si no se va con un poco de cuidado, una noche de lascivia puede llegar a ser lo más parecido al paso de un huracán o de un ciclón. En el citado estudio, muy completo y detallado por lo demás, se enumeran también los diez lugares que, en principio, serían los más peligrosos para intentar hacer el amor, citándose, por este orden, el sofá, las escaleras, el coche, la ducha, la cama, una silla, la mesa de la cocina, el jardín, el baño y el armario, que es casi tanto como poner seriamente en entredicho la viabilidad de la mayor parte de nuestras posibles fantasías eróticas y sexuales, aunque también es cierto que no se habla, por ejemplo, ni del suelo, ni del cuarto trastero, ni de la lavadora, ni de los ascensores, ni de otros lugares más o menos públicos. En cuanto a las posibles lesiones físicas que podemos sufrir en los momentos de mayor arrebato y ardor, la lista del estudio incluye esguinces de tobillo, torceduras en muñecas y rodillas, magulladuras en los hombros y en los codos, lesiones en los dedos, problemas musculares, molestias lumbares, tortícolis y quemaduras. El estudio nos dice que cada día en el mundo 240 millones de personas hacen el amor, y que al menos un tercio de ellas puede sufrir algún tipo de lesión por este motivo a lo largo del año. Si pensamos que ese impresionante balance de daños y de lesiones de todo tipo puede presentarse tras una sesión de sexo que podríamos considerar como perfectamente normal y tradicional, habrá quienes a partir de ahora reivindiquen como más seguro, con razón, el mundo del fetichismo, el parcialismo, el cuero negro, las ataduras, el sadomasoquismo, los tacones de aguja y el bondage.

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06 2011

Enamorados del amor

Una de las películas españolas de la que guardo más buen recuerdo es Los peores años de nuestra vida, dirigida por Emilio Martínez-Lázaro y escrita por David Trueba, un tándem perfecto que da como resultado una maravillosa comedia agridulce, con un innegable toque ’woodyallenesco’ en el tratamiento de algunos personajes y situaciones, así como en su elegante y sutil enfoque irónico. En este sentido, resulta prácticamente imposible no identificarse o no enamorarse de su protagonista principal, Alberto (Gabino Diego), un melancólico y enamoradizo veinteañero que sueña con llegar a ser algún día un gran novelista. Mientras ese momento llega, le vemos sufrir una vez tras otra, en mayor o menor medida, por culpa del amor y de sus insondables misterios, lo que le lleva a plantearse algunas preguntas existenciales decisivas y esenciales, como por ejemplo ésta: ”Me gustaría saber qué es exactamente lo que buscan las mujeres”. El origen de casi todos los males afectivos de Alberto parece remontarse nada menos que a su infancia, para que luego haya quien aún ponga en duda la gran perspicacia del maestro Sigmund Freud. “Me gustaría poder borrar de la historia de mi vida la primera vez que me enamoré, porque ahí se jodió todo”, afirma Alberto al inicio de la película. Aun así, a lo largo de prácticamente todo el filme, nuestro joven protagonista competirá con su hermano Roberto (Jorge Sanz) por intentar conseguir el amor de María (Ariadna Gil), sin que resulte muy aventurado ya desde el principio intuir quién será finalmente el que consiga arrebatar por completo el corazón de la joven e irse con ella a París, y quién se quedará solo en un melancólico y acogedor Madrid. Cuando en un momento determinado María le reprocha a Alberto su romanticismo empedernido, que considera casi infantil, Alberto se enfada, porque no acaba de entender qué es lo que en realidad se espera de él: “No es culpa mía. Primero me hacen ver un montón de películas y leer todas esas novelas donde el amor es algo maravilloso. Y luego resulta que soy un gilipollas si de verdad creo en ello. ¡Joder! ¿En qué quedamos? Si la vida era una mierda, habérmelo dicho cuando era pequeño”. Pero en el fondo Alberto no cree de verdad que la vida sea “eso”, del mismo modo que, pese a todo, es muy consciente de todo lo bueno que el amor puede aportar a nuestra vida, haciéndola más plena y mejor, dándole un sentido y una razón más -acaso la más importante- para amarla, aunque en última instancia a veces parezca que de lo que en realidad estamos casi todos enamorados es sobre todo del mismo amor. Al final de la película, Alberto nos contará, con su encantador y tierno humor, que últimamente ha decidido ver la vida desde el lado bueno: “He leído en alguna parte que por cada hombre sobre la tierra existen tres mujeres y media…, así que por ahí debe haber algún cabrón pasándoselo de miedo con siete”. Estar enamorados, aunque sea solo del amor, nos hace soñar, y sonreír, y vivir, así que aunque suframos un poco, en el fondo todos sabemos que los años en que el amor llega a nuestro corazón no son los peores sino los mejores de nuestra vida.

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06 2011

José Ramón I, El Austero

El bueno de José Ramón Bauzá no ha empezado aún su “reinado” en Balears, pero viendo su buen hacer en estos últimos meses al frente del PP de las Islas, y conociendo también sus razonables promesas electorales y su recién presentado compromiso por la transparencia, no creo que sea excesivamente aventurado afirmar ya ahora que, muy posiblemente, pasará a la historia política de nuestra Comunidad como José Ramón I, El Austero. Sin ir más lejos, en la Junta Directiva Regional celebrada el pasado viernes, Bauzá reiteró de nuevo que la austeridad presidirá su acción de gobierno y la de todos los nuevos altos cargos de su partido, que antes de nada deberán firmar un documento que recoge los doce compromisos concretos que están obligados a cumplir. Para empezar, nada de recibir regalos, que luego pasa lo que pasa, que cualquiera te hace un traje. O dos. O tres. Nada de nada tampoco ni de tarjetas de crédito ni de usar de un modo indebido el teléfono móvil, por ejemplo con mensajes sms de carácter político-conspirativo o de tipo amoroso-sentimental. Más difícil de cumplir parece, al menos en principio, el compromiso relativo a viajes, dietas y alojamientos, aunque con un poquito de buena voluntad, casi todo acaba resultando casi siempre más o menos posible, como por ejemplo viajar siempre en clase turista o, incluso, directamente no viajar, salvo que sea estrictamente necesario. Me imagino, por ejemplo, a José Ramón diciéndole a nuesto querido presidente, José Luis Rodríguez Zapatero, tras ser invitado a acudir a La Moncloa: “Si no es por no ir, es que si le digo a usted que sí, le tengo que decir que sí a todo el mundo. Si hay que ir porque la situación así lo exija, se va. Valórelo usted mismo. Respeto, el máximo. Si hay que ir se va, ya le digo, pero ir pa na es tontería”. En cuanto al límite máximo fijado de 35 euros por comida oficial, ya veo a nuestros queridos consellers conselleres tomando únicamente, a modo de pequeño tentempié, un bocadillo de mortadela o de calamares, y una cañita. O un almuerzo de menú, con el alto cargo popular diciéndole muy amablemente al camarero: “¿Le sabe mal envolvernos lo que ha sobrado? Es que por la tarde tenemos una reunión en la Conselleria, y así ya no tendremos que gastar nada en la merienda”. Y si no, me imagino a cada alto cargo portando su propio Tupperware. Por no hablar del coche oficial, que quedará prácticamente desterrado. A partir de ahora, casi todos tendrán que ir en el autobús de San Fernando, ya saben, unos a pie y otros andando. O en bicicleta, como hacía la ex consellera verde Margalida Rosselló. O con el entrañable Renault 5 de Catalina Cirer, recorriendo junto con María Salom los distintos pueblos de Mallorca. Y a la hora de alojarse en los hoteles, nada de habitaciones individuales, sino siempre dobles, para ahorrar y para estar juntos. Juntos, sí, pero no revueltos. Y nada tampoco de contratar a la familia ni a ningún pariente. Ese es el buen legado que, junto con una buena gestión y la atención a las personas más necesitadas, todos esperamos que deje en Balears el bueno de José Ramón Bauzá, José Ramón I, El Austero, nuestro próximo presidente.

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05 2011

Una definición de amor

Una de las mejores definiciones de lo que es el amor la encontré hace ya algún tiempo en un muy hermoso artículo de Gustavo Martín Garzo, titulado Noche de Reyes. En ese texto, el gran escritor vallisoletano afirmaba que el amor es “encontrarnos con alguien y sentir que guarda una historia que debemos escuchar”. ¿Quién no se ha sentido en su vida alguna vez así, con esa ansia y esa ilusión por escuchar de los labios de la persona amada lo que esa persona piensa, siente, sueña o cree? ¿O por saber qué papel desempeñamos nosotros mismos en esos pensamientos, sentimientos, sueños o creencias? Cuando somos conscientes de que no nos cansaríamos nunca de escuchar esa historia ni tampoco sus posibles apéndices o adendas, nos damos cuenta de que de verdad y con todo nuestro corazón amamos a esa persona. Martín Garzo también afirma en Noche de Reyes que la razón nos dice “cómo es el mundo” y nos ayuda a descubrir “las leyes que lo rigen”, pero no nos dice por qué estamos en él, ni si nuestra vida tiene o no algún sentido. Por eso, en nuestra vida, todos necesitamos escuchar, leer o ver ficciones, poemas, cuentos, relatos, biografías, historias, porque pueden ayudarnos a ampliar el campo de lo posible. “Y lo que regalamos a los niños la Noche de Reyes es el regalo de una ficción que habla del amor y sus tímidas locuras”. El autor de El lenguaje de las fuentes  nos recuerda que una historia es un lugar “donde se formula una promesa”. Así, “la historia de don Quijote nos promete un mundo lleno de nobleza, dignidad y alegres desatinos; la del capitán Achab, que puede vencerse a la muerte; y la de Ulises, que existen hechizos capaces de retener a nuestro lado a los seres que amamos”. Para Martín Garzo, si las criaturas de los cuentos nos conmueven, es porque son una metáfora de nuestro propio corazón anhelante. “La enseñanza principal de la Noche de Reyes es que el regalo más grande que podemos hacer a los niños es el regalo de una historia que les haga sentirse amados”, una historia que les diga que existe la gracia en el mundo, “que es lo que prometen todas las historias de amor”. Por todo ello, ni los adultos ni los niños quieren abandonar el 5 de enero el mundo de la magia, “el niño, para que se cumplan sus deseos, los adultos para hacer ese tipo de promesas que no se pueden cumplir”, como por ejemplo “tú no te vas a morir nunca”. Y concluye Martín Garzo: “Tal es la promesa que, a través de esos personajes de ficción, les hacen los padres a los niños esa noche. El loco amor es tratar de cumplir historias así”. El loco amor es siempre, como los cuentos de la infancia, una bella historia con un final feliz.

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05 2011

Una buena alcaldesa

El 19 de junio de 2007 publiqué unos ‘duendes’ dedicados a quien ha sido nuestra alcaldesa a lo largo de estos últimos cuatro años, que entonces empezaba su mandato y que titulé precisamente así, Aina Calvo. “Desde el pasado sábado, todos los ‘duendes’ de la ciudad tienen también nueva alcaldesa, Aina Calvo, y aunque creo que había algunas dudas sobre cómo sería recibida la nueva alcaldesa en esta sección, todos los ‘duendes’, sin una sola excepción, me han pedido que le transmita a Aina Calvo y a todo su equipo de gobierno su enhorabuena más sincera y de todo corazón, enhorabuena a la que también me sumo yo”, escribí entonces, y también que todos los ‘duendes’ le deseaban a Calvo y a su equipo, “de verdad y de corazón”, toda la suerte del mundo, “porque su suerte será también la nuestra, la de nuestra querida ciudad”. Por razones que todos conocemos bien, y que van más allá de echar las culpas simplemente a uno u otro partido político, la pasada legislatura ha sido en nuestra Comunidad la más compleja, agria e inestable de las vividas desde 1983, de forma especial en algunas de las principales instituciones, incluido el consistorio palmesano. Esto explicaría, al menos en parte, los resultados electorales del pasado domingo, con una victoria clara e inapelable, por mayoría absoluta, de un renovado PP, también en nuestra ciudad, de la mano de Mateo Isern. La percepción -buena o mala- de la actuación de un equipo de gobierno suele depender casi siempre de muchos factores, entre otros de nuestras propias ideas políticas, de la valoración que hacemos de los aciertos y de los errores realmente cometidos, y, por qué no decirlo, del mayor o menor grado de apoyo, de crítica o incluso de ensañamiento, en función de determinados intereses, de los medios de comunicación. Por lo que respecta a mi propia percepción personal, como periodista y también como ciudadano, sobre la gestión del equipo que ha liderado Aina Calvo, he de reconocer que es bastante positiva. Para mí, ha sido una buena alcaldesa. El nombre de Aina Calvo y el de personas como Andreu Alcover, Begoña Sánchez, Cristina Ferrer, Yolanda Garví, Nanda Ramon, Joaquín Rodríguez o mi admirado y llorado Paco Donate estará para siempre ligado, al menos para mí y para varios miles de ciudadanos más -incluidos votantes no socialistas-, a un equipo de gobierno honesto, responsable, serio y muy trabajador. ¿Que se cometieron errores? Sin duda, pero también es cierto que a partir de una determinada edad nos acabamos dando cuenta de que, aunque no queramos, todos cometemos errores, incluidos los que dicen o como mínimo parecen pensar que nunca los cometen. Y que conste que esta vez no estoy hablando de Eberhard Grosske, quien, todo hay que decirlo, a veces me sorprendió gratamente para bien. Pero sólo algunas veces, ya digo, que con él no conviene tampoco nunca exagerar. ¿Que hubo cosas que se pudieron haber hecho mejor o de otra manera? Muy posiblemente. ¿Que faltó más diálogo con el partido mayoritario? Me temo, ay, que así fue, sí. Pero también creo que hay cosas que hoy están mejor o mucho mejor que hace cuatro años, del mismo modo que con el equipo de Catalina Cirer había cosas que en 2007 estaban mejor o mucho mejor que antes de su llegada al gobierno municipal. “Cuando dentro de muchos años, los ‘duendes’ sean ya muy viejecitos y miren hacia atrás, estoy seguro de que recordarán que a principios del siglo XXI hubo una vez en Palma dos alcaldesas y dos equipos que, a pesar de sus muchas diferencias, tuvieron un único y hermoso sueño común: hacer para todos y todas una ciudad mejor”. Así concluían aquellos ‘duendes’ de hace cuatro años. Así creo que deben de concluir también estos digitales de hoy.

24

05 2011

El espíritu (musical) de los ochenta

El espíritu musical de los años ochenta se presentó una noche, de improviso, hace poco ante mí, a la manera de los espíritus del Cuento de Navidad del maestro Charles Dickens, y empezó a susurrarme al oído las letras de varias canciones, acompañadas de sus correspondientes melodías… “Pensando en ti, no logro adivinar, qué es lo que hay que te hace especial. Realmente no sé que tienes, pero me arrastras como un imán hacia ti, sin querer… Y yo caí enamorado de la moda juvenil, de los precios y rebajas que yo vi. Enamorado de ti… Mil calles llevan hacia ti. Y no sé cuál he de seguir. No tengo tiempo que perder, y ya se va el último tren… Entre tú y yo un diamante es para siempre, entre tú y yo nuestro amor es para siempre… Yo tenía un novio que tocaba en un conjunto beat, ayer. Le llevaba las baquetas en un bolso gris, sí, sí, sí… Y es lo que yo te digo, los amigos de mis amigas son mis amigos, uhh, vaya lío, los amigos de mis amigas son mis amigos… Tú eres mi enfermera de noche, y siempre estarás a mi lado… Bajo la luz de la luna me diste tu amor, ni tan sólo una palabra, una mirada bastó, y yo sé que nunca olvidaré que bajo la luz de la luna yo te amé… Puedes mentir, si tú lo quieres, puedes reír, si lo prefieres, pero mi amor siempre estará a tu alrededor… En algún lugar de un gran país, olvidaron construir un hogar donde no queme el sol y al nacer no haya que morir… Tren de medianoche vuelve a pasar, nunca consiguió olvidar. Tren de medianoche, traéla junto a mí, sé muy bien que volverá, y las estrellas le acompañarán… Vístete, te sigo esperando, blusa aquí, falda allá, hey, cálzate, pon cuero sobre seda negra, vístete, aguantaré… Eras un niño cuando, en este jardín, lloriqueabas en las tardes de abril. Sobre la hierba, tu espalda cansada, y tus ideales muy lejos de aquí. Y qué más da, si son cosas de la edad… Me diste el número equivocado, no te perdonaré. Me diste el número equivocado, ya te descubriré… La noche no es para mí, no para mí… No controles mi forma de vestir, porque es total, y a todo el mundo gusto. No controles mi forma de pensar, porque es total, y a todos les encanta… Hoy no me puedo levantar. El fin de semana me dejo fatal. Toda la noche sin dormir. Bebiendo, fumando y sin parar de reír… Y yo te buscaré en Groenlandia, en Perú, en el Tíbet, en Japón, en la isla de Pascua. Y yo te buscaré en las selvas de Borneo, en los cráteres de Marte, en los anillos de Saturno… Cómo pudiste hacerme esto a mí, yo que te hubiese querido hasta el fin, sé que te arrepentirás… Ella está sentada ante su whisky, sin hablar ni mirar a nadie, fiel a su papel de mujer fatal… Dale vida a tu vida, desengánchate de tu televisor, dale vida a tu vida, la mejor pantalla es tu imaginación. Mira el cielo y respira, que tienes cara de estar mucho mejor. Medicina natural, contra el mal sabor de boca, medicina natural, para esclavos de la vida en sociedad… Sé que vas tras de mí, alguien dijo que así, nunca me interesaré por ti. Mandas cartas sin firmar, poemas que he de descifrar, soy tu objetivo principal… Y qué dura es la caída cuando estás en lo más alto. Cómo tuviste que ocultar las lágrimas detrás de unas gafas negras, ocultabas las lágrimas detrás de unas gafas negras, ocultabas las lágrimas detrás de unas gafas negras, ocúltalas… Stop mi bruja con tacón de aguja, víctima del desamor… Sobre un vidrio mojado escribí su nombre sin darme cuenta, y mis ojos quedaron igual que ese vidrio pensando en ella. Los cuadros no tienen colores, las rosas no parecen flores, no hay pájaros en la mañana, nada es igual, nada es igual, nada es igual, nada…”. Aquella noche, el espíritu musical de los años ochenta me susurró todas estas canciones y algunas otras joyas más al oído, mientras yo pensaba, lleno de nostalgia y de melancolía, que efectivamente ya nada es igual. Nada. Empezando por quienes eran muy jóvenes entonces, empezando -ay- por nosotros mismos.

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05 2011

En una caricia

Por diversas razones, que todos conocemos bien, el mundo -el mundo en el que vivimos- se va convirtiendo poco a poco en un lugar cada vez más inhóspito, cada vez más deshumanizado, y, por tanto, a la vez menos cálido y acogedor, un lugar en el que poco a poco parecen ir ganando un terreno cada vez más importante y más amplio la tristeza, la soledad, las carencias sociales de todo tipo, la desesperación. Y esto me temo que no existe, ay, ningún partido político, ni tampoco ningún candidato ni ninguna candidata, capaz de arreglarlo. Ninguno. Aunque seguramente quizás fue siempre así. En el fondo, uno se acaba ya conformando con que la mayor parte de los gobernantes -o de los jefes- que nos toquen en suerte no lo acaben estropeando todo aún un poco más. Es en esos momentos de escepticismo casi radical o tal vez de un muy profundo desengaño cuando creo que pensamos con mayor intensidad y convicción que el único refugio que tenemos, si por fortuna lo tenemos cuando todo parece fallarnos o cuando nos sentimos más incomprendidos o más solos que nunca, es un refugio que parece encontrarse ubicado únicamente en el mundo de los sentimientos, en el de los afectos interpersonales, en el del amor. Aunque, muy posiblemente también, quizás fue siempre así. Cuando todo parece fallarnos, cuando parece que no hay nada ni nadie a lo que poder asirse o acogerse, seguramente daríamos casi lo que fuera, no por ser millonarios o por tener un trabajo más digno o mejor, sino solo porque alguien nos abrazase muy fuerte de forma prolongada o porque nos acariciase de forma repetida, muy lenta y dulcemente, durante mucho, mucho tiempo. Quizás esto sea así porque en un abrazo o, sobre todo, en una caricia se encuentra todo, o casi todo, lo que en un determinado momento podemos necesitar para seguir adelante, para seguir viviendo, pues en un abrazo o en una caricia se encuentran o pueden encontrarse el deseo, el afecto, la sensualidad, la protección, el cariño, el respeto, el amor, el querer perderse en el alma del otro, la inteligencia, la delicadeza, la ternura, la bondad. Casi todo aquello por lo que vale la pena vivir se halla o puede hallarse, de una u otra forma, en la calidez y en la dulzura de un abrazo, de una mano que roza, de una caricia.

17

05 2011