Lo que nos “pone” y lo que no
Llevaba yo años y años hablando del amor, de las pasiones, del romanticismo y de los enamoramientos más o menos ocultos o contenidos, cuando un día una antigua compañera del trabajo, veinte años más joven que yo, me abrió los ojos. “Todo lo que escribes sobre los sentimientos está bien y me gusta, pero hay una cuestión de la que nunca hablas y de la que creo que algún día tendrías que comentar algo”, me dijo ella, sonriendo de una manera sin duda algo pícara. “¿Y cuál es esa cuestión?”, pregunté yo, completamente intrigado. ”Verás, las personas de mi generación, e incluso a veces también de la tuya, solemos utilizar ahora una expresión muy concreta para determinar si una persona nos gusta y nos atrae o no”, me aclaró. Esa expresión, según me explicó, es Menganito -o Zutanita- ”me pone” o “me da morbo”, o Menganito -o Zutanita- ”no me pone” o “no me da morbo”. Así que, por poner un ejemplo, si Menganito “pone” a Zutanita, y Zutanita, a su vez, ”pone” a Menganito, poco más parece hacer falta para que de repente se abra para ambos todo un mundo de posibilidades afectivas, mayormente de tipo sólo erótico o sexual, que de otro modo muy posiblemente no se daría. No sé si esa nueva manera de entender las leyes de la atracción física supone, en cierto modo, que parezcan no tener ya tanto sentido como antes las cartas de amor apasionadas, las charlas de varias horas de duración, los largos paseos junto al mar o las cenas íntimas a la luz de una vela, pero así como va el mundo ahora, podría ser. ¿Y qué es lo que nos “pone” o nos da “morbo”? Quiero decir aparte de ver Antena 3 cada día, claro. Según mi antigua compañera del trabajo, el hecho de que una persona pueda tener un buen físico sería, en muchas ocasiones, un elemento de una importancia relativa en el asunto que estamos tratando ahora. Al parecer, nos puede poner o dar morbo simplemente un tono de voz, o un modo de mirar, o una manera de andar, o unos gestos peculiares, o algunas partes concretas -no las habituales- del cuerpo de esa persona que en un primer momento nos ha llamado la atención. A veces, incluso nos puede atraer el hecho de haber intuido o detectado un cierto desequilibrio psicológico o una cierta inestabilidad emocional en esa persona, lo que daría la razón a quienes suelen hablar de la atracción del abismo. También nos puede “poner” o dar “morbo” una determinada forma de vestir, o, a un nivel más íntimo y personal, la lencería o la ropa interior de nuestra posible pareja, unos zapatos de tacón o algunos uniformes. En este último caso, cada persona suele tener sus propias predilecciones por lo que se refiere a los uniformes que más le gustan, que pueden ser de bombero, de personal sanitario o de policía que nos pone una multa… y también las esposas, por protestar. O sea, que llevaba yo años y años hablando ingenua y románticamente del amor, y resulta que de lo que debería de haber hablado mucho antes es de lo que nos “pone” y lo que no.
