Archivo de septiembre, 2010

La visibilidad que depende del azar

El azar o la suerte suelen jugar en nuestras propias vidas un papel a veces tan importante o determinante como el que pueden jugar también nuestras ideas o nuestra propia voluntad. Pongamos, sin ir más lejos, un ejemplo relacionado directamente con los diarios digitales, y más en concreto ahora con el nuestro. Así, si por azar permanece en la parte inferior derecha de la portada de ÚltimaHora.es cualquiera de sus blogs a lo largo de todo un día, o incluso algo más, ese artículo concreto será mucho más leído que si para encontrarlo el posible usuario tiene que buscarlo y acceder a él a través de la sección denominada específicamente ’blogs’, ya que es posible que al no ver una llamada en la portada, algunos lectores crean que ese día su ‘bloguero’ o su ‘bloguera’ favoritos no han escrito nada, aunque a lo mejor han escrito una de sus columnas más sentidas o que consideran como más interesantes. En la mayoría de diarios digitales sucede exactamente lo mismo: si un blog o una noticia concreta no se encuentran anunciados en la portada, puede parecer que en realidad no están. Y a diferencia de lo que ocurre con las ediciones en papel, que normalmente solemos hojear desde la primera hasta la última página, en el caso de los digitales muchas veces solemos limitarnos a leer únicamente lo que se ha destacado en la primera página. En cierto modo, muchas otras cosas funcionan también casi igual en la vida, en nuestra propia vida cotidiana. Si por las razones que sean, no nos vemos muy a menudo con algunos familiares o con nuestros mejores amigos, no solemos saber por tanto cómo se encuentran ni cómo es su día a día, por lo que en cierto modo acaban siendo invisibles para nosotros, y nosotros lo acabamos siendo también para ellos, aunque ambos existamos y nos movamos y hagamos cosas. E igual ocurre poco más o menos con la actividad artística, o política, o social, o científica que no es destacada en un titular de un periódico o de un noticiario, que entonces parece no existir, aunque una iniciativa concreta ligada a cualquiera de esas actividades quizás sea o pueda llegar a ser tan importante o valiosa como las noticias más destacadas aparecidas en las diferentes portadas de los medios de comunicación. Algunas veces, lo más hermoso es lo que desconocemos, lo que no podemos ver, lo que no hemos visto, lo que intuimos, lo que sabemos que existe, lo que parece tener apariencia de secreto, lo que conoceremos algún día, lo que permanece escondido u oculto.

15

09 2010

La carta de Jaume a José Ramón

Hoy en día se ha perdido casi por completo la hermosa y antigua costumbre de escribir cartas manuscritas a los familiares, a los amigos o a la persona amada, sobre todo, ay, a la persona amada. Pero en el PP balear parece ser que aún se mantiene esa romántica costumbre, como demostraría el escrito que acaba de remitir el portavoz popular en el Consell de Mallorca, Jaume Font, al presidente regional del partido, José Ramón Bauzá. Así que en el PP del Archipiélago nada de enviar fríos y asépticos sms, como hacen, por ejemplo, en el PSOE de Madrid durante estos días, sino sólo cálidas misivas personales que se dejan en la sede del partido. El contenido de la carta de Jaume Font aún no ha trascendido por completo, como por otra parte debe de ser, pero creo que todos confiamos en que no sea una carta de ruptura o de despedida, sino una en la que se plantee que ambos deben de darse todavía un poco de tiempo antes de tomar una decisión definitiva sobre su futuro, ya sea juntos o, ay, por separado. Lo más importante en estas situaciones de crisis afectiva o personal suele ser intentar resolver cuanto antes posibles malentendidos y, por supuesto, descartar lo antes posible la existencia de terceras personas en la relación, pues, en el primer supuesto, ahora mismo hay “barones” que un día dicen que Bauzá no escucha a nadie a la hora de tomar decisiones, y que al día siguiente le acusan justo de todo lo contrario, es decir, de dejarse influenciar por su entorno, del mismo modo que hay posibles votantes que le consideran demasiado moderado, incluso un pelín regionalista, y quienes afirman, en cambio, que en estos últimos meses se habría escorado demasiado hacia la derecha llamada españolista, influenciado, y eso sería el segundo supuesto, por Carlos Delgado, aunque, para ser justos, uno tiene la humilde impresión de que el alcalde de Calvià no es, en ningún caso, el tercero en discordia en esa relación hoy en crisis entre Jaume y José Ramón, entre otras razones porque Carlos nunca ha parecido ejercer una especial influencia sobre el segundo y porque uno ha creído ver, sobre todo desde hace un tiempo, que parece sintonizar mejor con, por ejemplo, José María Rodríguez, sintonía que además parece mutua. Así que cuando este viernes venga a Palma el bueno de Mariano Rajoy, estoy seguro de que no se aburrirá en absoluto, de tantas cosas como todos querrán contarle, no sé si sólo de viva voz o a lo mejor también por escrito. Incluso estoy también casi seguro de que cada vez que Mariano piensa en Baleares, como cuando piensa también en Madrid o en la Comunidad Valenciana, todo tipo de intensas emociones y de sensaciones deben de pasar sin duda por su mente, todas, menos la de la tranquilidad y la del aburrimiento.

14

09 2010

La crisis no nos ha hecho mejores

Durante un tiempo creí, quizás ingenuamente, que la profunda crisis económica que llevamos viviendo desde hace ya más de dos años tendría al menos un efecto positivo, el de hacernos un poco mejores, más compasivos, más solidarios, el de ser más comprensivos con quienes nos necesitan o con quienes nosotros necesitamos. Sin embargo, y con las excepciones que siempre hay cuando se viven o se producen situaciones muy difíciles tanto económica como socialmente, creo sinceramente que la crisis no nos ha hecho mejores, o no al menos en nuestro país. Por una parte, quienes no han sufrido directamente en ningún sentido esa crisis, siguen con un ritmo de vida que considero que acentúa aún un poco más los claros desniveles y desigualdades que todavía persisten en nuestra sociedad. Por esas paradojas que en ocasiones se producen, algunos programas de televisión están dedicados ahora de forma casi exclusiva a ensalzar el lujo extremo o a presentar a personas que presumen de su riqueza o de su exclusiva posición social. Para mí, lo siento, hay algo en esos programas que me disgusta muy profundamente, algo que considero como éticamente muy obsceno en todo ello, como también creo que hay algo muy obsceno en esas pugnas internas que en la actualidad vemos en casi todos los partidos, cuyo único objetivo parece ser el de asegurarse un buen puesto de salida en las próximas listas electorales, mientras al mismo tiempo los diferentes partidos se machacan unos a otros sin piedad, en una lucha cada vez más salvaje y despiadada en la que lo único que parece importar es la búsqueda o el mantenimiento del poder por el poder. Nada más. A veces, uno estaría tentado de preguntar, con el máximo respeto y desde luego queriendo evitar cualquier posible tipo de demagogia fácil: ¿Pero son la mayoría de ustedes realmente conscientes de que hay miles y miles de personas que lo están pasando de verdad muy, pero que muy mal?, ¿no se dan cuenta, acaso, de que a veces sentimos que nos utilizan a todos nosotros simplemente como una mera arma arrojadiza para intentar ganar unos pocos votos más? Todo ello mientras, por otra parte, en muchas empresas campan ahora a sus anchas la presión extrema, los malos modos, los continuos despidos no siempre bien explicados o justificados, y mientras los medios de comunicación parecemos en la actualidad más alejados que nunca de las verdaderas inquietudes y de los verdaderos problemas de la gente. Cuando esta crisis pase, que sin duda pasará, me temo que habrá dejado, y ojalá me equivoque por completo, muchísimos damnificados, muchas vidas rotas de una forma quizás ya definitiva, muchas almas abandonadas y perdidas que no podrán recuperarse ya nunca. Nunca.

12

09 2010

El racismo y la intolerancia que vuelven

El ministro de Inmigración francés, Eric Besson, se quejaba ayer mismo de la simplificación e incluso posible manipulación informativa que, a su juicio, se estaría haciendo de la reciente decisión de Nicolas Sarkozy de desmantelar todos los poblados ilegales que hay en su país, unos 300 en total, y de la decisión de expulsar de Francia a quienes no disponen de permisos de trabajo o promover el retorno voluntario de los habitantes de dichos poblados -personas de etnia gitana en su práctica totalidad- a su país de origen, Rumanía y Bulgaria esencialmente. Es posible que en algún caso concreto se haya podido producir, efectivamente, algún exceso verbal injusto contra el actual Gobierno de Francia, al que se ha acusado de racista o incluso de llevar a cabo una política de deportación semejante a la practicada por los nazis contra los judíos y los gitanos en los años treinta del pasado siglo, lo cual, evidentemente, no es comparable en absoluto, y, además, es rotundamente falso. Dicho esto, cabría recordarle sin embargo al señor Besson, que fueron su propio departamento y el de Interior los que el pasado mes de julio ligaron públicamente y de forma más o menos explícita el desmantelamiento de los poblados ilegales con la expulsión de personas de etnia gitana, quizás para lanzar un mensaje más o menos subliminal de “firmeza” a posibles futuros votantes, relacionando más o menos implícitamente delincuencia con una raza concreta o con personas que no son de nacionalidad francesa, mensaje del que quizás ahora dichos políticos se arrepienten, por su evidente carga de tendenciosidad y de racismo encubierto. En este contexto, el Parlamento Europeo aprobó también ayer, con 337 votos a favor y 245 en contra, una resolución en la que se critican las citadas expulsiones y en la que se lamenta a la vez la posición poco beligerante que estaría teniendo la Comisión Europea en este caso. De haber sido yo eurodiputado, habría votado a favor de dicha resolución, al considerar que efectivamente se estarían vulnerando en la actualidad algunos de los artículos de la nueva Carta Europea de Derechos. En cualquier caso, reconozco que se trata de un asunto extremadamente complejo, ya que el desmantelamiento de poblados ilegales o irregulares se está llevando a cabo desde hace varios años, por gobiernos de todos los colores políticos, no sólo en Francia sino igualmente en otras naciones de la Unión, incluida también España. Estoy pensando ahora, sin ir más lejos, en nuestra propia ciudad, en Palma, y en el caso de Can Angelí, cuyo desmantelamiento se llevó a cabo, en mi opinión, de una forma correcta y acertada, intentando salvaguardar en todo momento los derechos de los ciudadanos que allí vivían, ofreciendo al mismo tiempo el apoyo de los servicios sociales y actuando además en coordinación con el Gobierno de Rumanía. De toda la actual polémica existente en torno a las expulsiones en Francia, lo que más me preocupa con diferencia en estos momentos son la mayor parte de comentarios que leo en las ediciones digitales de los distintos periódicos de nuestro país. Salvo admirables excepciones, sin distinción de ideologías, en dichos comentarios se criminaliza directamente a las personas de etnia gitana o a los inmigrantes, responsabilizándoles de forma exclusiva de situaciones que abarcan desde los problemas de convivencia hasta la delincuencia en todas sus posibles formas. Con un lenguaje casi siempre cruel, ofensivo y brutal, que supura odio, demagogia y racismo a partes iguales, se aprovecha la oportunidad de poder comentar la política de Sarkozy para arremeter contra las minorías por el mero hecho de serlo, aunque luego se añada casi siempre la coletilla de que quien dice esto no se considera racista. Pero por desgracia son el racismo y la intolerancia los sentimientos que alimentan esos comentarios, los que ponen siempre en peligro la libertad de todos, los que una y otra vez, y bajo mil formas, se hacen tristemente presentes y se reinventan.

10

09 2010

Ya volvemos a ser nosotros mismos

El espectacular triple del serbio Teodosic a tres segundos del final, dejó a nuestra querida selección fuera de la lucha por las medallas en el Mundial de Turquía. Serbia pasaba a semifinales y nosotros tendremos que luchar ahora por el quinto puesto. Posiblemente, muchos españoles pensamos justo en aquel instante: “Ya volvemos a ser nosotros mismos”. Desde hacía casi dos meses, yo tenía puesta en mi balcón la bandera de España, pensando, con gran ilusión, que serviría tanto para el Mundial de Fútbol como para el de Baloncesto, así que ahora no sé muy bien qué hacer con ella, si dejarla un poco más de tiempo al aire libre, mientras se va destiñendo poco a poco, o quitarla hasta la celebración de un nuevo evento deportivo. El modo en que perdimos el partido ante Serbia y el hecho de no poder optar ahora ya a medalla yo creo que nos retrotrajo, de algún modo, a otros años, a aquellos en los que hacíamos siempre referencia a la fatalidad, al entrenador, a los árbitros o a la mala suerte para intentar justificar nuestros fracasos o nuestras irremediables derrotas deportivas. Sin duda, llevábamos ahora varios años muy mal acostumbrados, tanto en el baloncesto y en el fútbol, como en otros deportes. Así que también resultó un poco dolorosa la goleada recibida el pasado martes de la gran selección argentina de fútbol, que, por otra parte, es una de las mejores del mundo en estos momentos. Sea como sea, esta semana ha habido ya al menos dos apuntes, que esperemos que se queden sólo en eso, en apuntes, de que, por unas cosas o por otras, ya volvemos a ser nosotros mismos. Por otra parte, en este recién iniciado mes de septiembre han vuelto de nuevo las tertulias políticas en la radio y en la televisión, y con ellas han vuelto también los contertulios que sacan fuego y azufre por la boca, sea en una dirección ideológica o sea en otra, aunque en determinados espacios casi todas las quemaduras se las acabe llevando casi siempre José Luis Rodríguez Zapatero, mientras Esperanza Aguirre -que no el bueno de Rajoy, que también recibe lo suyo- sale siempre milagrosamente indemne. Nuestro querido y chamuscado Gobierno, por su parte, vuelve por donde solía, es decir, improvisando y cambiando de idea casi a cada momento, ahora te puedes endeudar, ahora no puedes, ahora sí, pero con condiciones, ahora te subo los impuestos, ahora no te los subo, ahora apoyo a Tomás Gómez, ahora apoyo a Trinidad Jiménez, ahora digo que no apoyo a ninguno de los dos. No hay ninguna duda. Ya volvemos a ser nosotros mismos. El mundo cambia ahora casi cada día, a una velocidad realmente de vértigo, tanto, que hasta el mismísimo Fidel Castro acaba de decir en una reciente entrevista que “el modelo cubano ya no nos funciona ni a nosotros”. Me froto los ojos y me quito las legañas una a una, pues lo veo y no lo creo. A veces parece que somos ya sólo los españoles los únicos que estamos empeñados en no cambiar, crispados a casi todas horas, lo mismo en las columnas periodísticas que en los comentarios a los que dan lugar, lo mismo en los debates políticos que en los programas del corazón. Y encima, ayer entró el triple imposible de Teodosic. Podemos estar tranquilos, sí. Ya volvemos a ser nosotros mismos.

09

09 2010

El PP balear hoy: per llogar-hi cadiretes

Hace unos meses, el maestro Ignacio Camacho escribió en ABC un artículo para guardar y enmarcar, ‘Montescos y Capulettos’, en el que hablaba de las crisis continuas a las que parece abocado últimamente el PP a nivel nacional por culpa de determinados personalismos. “Dado que al parecer el PP está dispuesto a ofrecerse como gran espectáculo de la política nacional y hacerse a la vista del público el harakiri colectivo con navajas cabriteras, debería al menos contratar a un director de escena para que ordene el tráfico de los actores y no se pisen unos a otros los papeles con el ardor arrebatado de meritorios y principiantes”, escribía Camacho entonces, en un artículo en el que sólo hacía referencia explícita a las comunidades de Madrid y de Valencia. Es cierto que en aquel momento el PP de Balears no estaba tan animado como el de ambas comunidades, pero es de justicia reconocer que en estos últimos meses ha hecho notables progresos para poder estar a su altura. De hecho, yo diría que incluso ha llegado a sobrepasar a los populares madrileños y valencianos en algún instante concreto, con el mérito añadido de que en las Islas están desde hace tres años en la oposición. Estoy pensando ahora, por ejemplo, en la tragicomedia ”El palacete prodigioso” o en el culebrón ”La moción de censura fantasma”, que al final, es cierto, acabaron no dando ya más de sí. Quizás por ello el PP balear acaba de estrenar ahora el sainete ”Imputados no, gracias”, que, sin embargo, deberá de competir duramente en cartel con otras obras del mismo género, como la del PSOE, “La rehabilitación desrehabilitada”, la de UM, ”La refundación perpetua”, o la del Bloc, “…Y él solito se murió”. De momento, la obra que parece haber despertado más expectación entre el público es la del PP, quizás por lo enrevesado y abierto de su argumento: ruedas de prensa casi libertarias en los cafés, posibles traiciones, dimisiones, hipotéticas escisiones futuras, renuncias, cartas críticas a través de Facebook, acusaciones mutuas de rancio españolismo o de nacionalismo, defensa del regionalismo, felicitaciones y denuestos para Bauzá, aproximaciones a UM, deserciones de votantes tradicionales del PP… Los protagonistas principales de esta representación parecen ser, al menos en la jornada del estreno, José Ramón Bauzá, Miquel Ramis, Jaume Font, Antoni Serra, Miquel Munar, Pere Rotger, José María Rodríguez y Carlos Delgado, aunque el papel que desempeña cada uno de ellos en esta nueva función -ya sea el de héroe, el de galán o el de villano- no parece estar aún del todo definido en estos momentos. “Las luchas de poder y ambición son una constante de la política, tantas veces comparada con una ficción teatral, pero la novedad consiste en escenificarlas a la vista del público, en horario continuo, con un elenco de primer nivel y con la entrada gratuita. La función es muy divertida y cuenta con el atractivo de una autenticidad que no se logra ni con el método Stanislavsky, pero como dure mucho los actores van a acabar destrozados y la compañía entera puede quedar para el arrastre porque da la sensación de que llegado este punto han olvidado el final del libreto y cada cual pretende reconstruirlo a su mayor gloria”, afirmaba Ignacio Camacho, a modo de conclusión, en aquel gran artículo. Así era hace unos meses en el PP de Madrid y en el de Valencia. Así es también ahora en el de aquí: per llogar-hi cadiretes. Siempre y cuando no se las alquilemos a un ex alto cargo imputado, claro.

08

09 2010

Duelo en Diablo

Cuando pensamos en el western, solemos pensar siempre en maestros y a la vez especialistas en el género como John Ford, Howard Hawks o Anthony Mann, aunque en esa lista de grandes realizadores podríamos incluir también, entre otros, los nombres de William A. Wellman, Robert Aldrich, John Sturges, Gordon Douglas, Henry Hathaway o Clint Eastwood. De hecho, en esa hipotética lista podríamos incluir aún muchos más nombres, pues muchos fueron los directores norteamericanos que, aunque sólo fuera puntualmente a lo largo de su carrera cinematográfica, rodaron alguna vez un western. Curiosamente, un nombre que no suele tenerse nunca en cuenta al hablar de películas del Oeste, es el de Ralph Nelson, autor de una de las películas que sin duda más me impactaron en mi infancia televisiva, en esa infancia de ‘Sábado cine’, ‘Sesión de tarde’ o ‘Sesión de noche’. Esa película era Duelo en Diablo, que todavía hoy me sigue pareciendo especialmente valiosa. Es muy difícil poder olvidar, por ejemplo, el inicio del filme, cuando aparecen los primeros títulos de crédito y vemos un espectacular zoom de retroceso aéreo que nos muestra las no menos espectaculares montañas de Utah, mientras de fondo escuchamos los primeros acordes de la banda sonora, obra del gran -y no siempre justamente valorado- Neal Hefti. El tema principal de la película es de una belleza y al mismo tiempo de una tristeza absolutamente desasosegante y desoladora, como si con cada nota se nos avanzase ya la terrible historia de enfrentamientos, odios y supervivencia que vamos a vivir a continuación, protagonizada por unos inolvidables James Garner, Sidney Poitier, Bibi Andersson, Dennis Weaver y Bill Travers. Duelo en Diablo, rodada en 1966, fue una de las primeras películas del Oeste en las que no quedaba del todo claro quiénes eran los buenos y quiénes los malos, o, mejor dicho, una historia en la que veíamos que no todos los rostros pálidos eran buenos y que no todos los indios eran malos, una película en la que algunos de los personajes protagonistas fallecían a lo largo de la película, lo cual era también entonces casi una novedad. Recuerdo que cuando era niño, solía ver la mayoría de westerns como un divertimento, sin ser del todo consciente de lo que significaban la violencia, las pistolas, el matar y el morir. Yo mismo, como otros muchos niños de mi época, jugaba de vez en cuando a indios y vaqueros, con mi estrella de Sheriff y mi pistola plateada de juguete. Gracias a este muy notable filme de Ralph Nelson y, por supuesto, a los de algunos de los grandes directores antes mencionados, algo cambió seguramente en nuestra manera de ver las películas del Oeste, porque empezamos a ser conscientes de lo que significaban la muerte, la pérdida, el dolor y el sufrimiento, y también del inmenso valor de la honestidad, el comportamiento ético, la lealtad y el respeto a la ley. En mi lista de películas favoritas, aún ahora hay no pocas que son películas del Oeste, y por las razones que he explicado allí habrá siempre un lugar para Duelo en Diablo.  

07

09 2010

Vivir en un melodrama de Douglas Sirk

En la época dorada de Hollywood, solía otorgarse el calificativo de “rey” a los directores que eran considerados como unos verdaderos maestros en el género cinematográfico que solían tratar con mayor asiduidad. Así, en la fábrica de sueños había hace medio siglo una “monarquía” plural, popular y democrática, en la que el “rey” -o ”mago”- del suspense era Alfred Hitchcok, el rey de la comedia era Billy Wilder, el del musical era Stanley Donen, y el del melodrama, Douglas Sirk. Como desde niño he sido siempre más monárquico que republicano, esos cuatro grandes directores se encontraron siempre entre mis realizadores -o “reyes”- favoritos. El esplendoroso y maravilloso reinado de Douglas Sirk en el campo del melodrama se prolongó más o menos por espacio de una década, la de los años cincuenta, que fueron los años del Technicolor y del Cinemascope, y de algunas de las pasiones más románticas y desaforadas que se hayan visto nunca en el cine. Cada vez que vuelvo a ver una película de Douglas Sirk, pienso que las historias de amor que hemos vivido, o que vivimos, o que podemos llegar a vivir, deberían de tener siempre al menos uno o dos de los ingredientes que mostraba Sirk en sus películas, la magia de los primeros momentos, la intensidad de las distintas emociones, la incertidumbre de saber si los sentimientos de amor serán o no correspondidos, el deseo de cambiar o de ser mejores gracias al amor. Del cine de este gran director alemán siempre me cautivaron, además, el tratamiento del color y el uso del formato panorámico, la elegancia que había siempre en los diálogos, en los actores o en los movimientos de cámara, el respeto que invariablemente mostraba hacia cada historia que contaba y hacia los personajes más desvalidos, el modo en que conseguía que los actores nos transmitieran perfectamente, con sólo un gesto o una mirada, todo el abanico de sentimientos que podemos experimentar cuando estamos enamorados, de la dicha o alegría más plena a la más absoluta tristeza o desolación. De Sirk me gusta también cómo muestra el paso del tiempo, la importancia que da siempre a los pequeños detalles, lo que es capaz de sugerir con sólo un leve movimiento de cámara. En la mayor parte de sus películas hay siempre un conflicto más o menos latente en torno a las parejas protagonistas, que en ocasiones se resuelve felizmente y en otras no, como suele ocurrir también en nuestras propias vidas, de ahí que sean, paradójicamente, melodramas profundamente realistas. En Obsesión, habla sobre la posibilidad de redención a través del amor, mientras que en Sólo el cielo lo sabe nos muestra un amor que debe de luchar contra todo tipo de prejuicios. En Tiempo de amar, tiempo de morir descubriremos que el amor puede nacer incluso en las circunstancias más terribles, en medio de una guerra, y en Imitación a la vida asistiremos al esfuerzo del amor para derrotar a la intolerancia. A veces he pensado que si fuera posible poder vivir dentro de un filme, me gustaría poder hacerlo en alguno del maestro y “rey” Douglas Sirk.

06

09 2010

La hamburguesa incorrupta

Sin duda, la hamburguesa más famosa del mundo en estos momentos es la que desde el pasado 10 de abril lleva inmortalizando cada día con su cámara la fotógrafa y pintora canadiense Sally Davies. Su Happy meal project, con el que quiere demostrar los posibles efectos nocivos de la llamada comida rápida, está siendo un gran éxito en todo el mundo a través de Internet. Observando las más recientes imágenes tomadas por Sally, podemos comprobar que la hamburguesa que ella compró hace casi cinco meses se encuentra casi en el mismo estado que entonces, quizás sólo algo encogida, tras haber permanecido hasta ahora un total de 148 días fuera de la nevera, en un pequeño platito colocado sobre la mesa del salón de su casa, en Nueva York. El pan que acompaña a la hamburguesa también está resistiendo muy bien el paso del tiempo, al igual que las patatas que están justo al lado, por las que no parece haber pasado ni un solo día, de tan radiantes y hermosas que están. No sabemos qué deben de opinar de esta iniciativa los responsables de McDonald’s y de otras cadenas ni los creadores del famoso menú infantil Happy Meal, pero creo que podríamos estar de acuerdo en que al menos se trata de algo que puede darnos un poco que pensar. Podemos preguntarnos, por ejemplo, qué pasaría si pusiéramos ahora esa hamburguesa y esa magraneta y esas patatas a calentar cinco minutos en el horno microondas, ¿se volverían blanditas, suaves y tiernas, y estarían tan jugosas como siempre?, ¿tendrían quizás un sabor un poco raro, nuevo o diferente?, ¿nos provocarían tal vez algún pequeño problema de salud de tipo gástrico o intestinal? Con independencia de las posibles respuestas a estas preguntas, debo de reconocer que yo, por mi parte, seguiré yendo a McDonald’s con la misma frecuencia que hasta ahora. Sally, por su parte, tiene decidido seguir de momento con su proyecto, que aún no sabemos si acabará convirtiéndose finalmente en eterno o en intemporal, pues ha comentado ya que conoce el caso de una maestra que guarda en su casa una hamburguesa desde hace 12 años, cuya carne sigue aún tal cual, sin descomponerse, más o menos como se encontraba ya a finales del siglo pasado. En este mundo actual, en el que casi todo es volátil, efímero y frágil, incluidos los amores, los sueños y los espacios televisivos con menos de un 10 por cien de audiencia, reconforta saber que hay cosas que al menos duran algo más de unas pocas semanas. “Nada es para siempre”, decía una hermosa y melancólica canción de Cómplices, y eso es lo que muy posiblemente creíamos también casi todos hasta ahora, justo antes de conocer la existencia de la hoy popularísima hamburguesa de Sally Davies, una hamburguesa que, como las grandes pasiones eternas, quizás acabe, quién sabe, por no tener nunca un final.

05

09 2010

Lo que la política española esconde

Para intentar conocer un poco mejor cuál es la verdadera realidad política de nuestras propias instituciones en cada momento, pocas cosas suelen resultar tan esclarecedoras y positivas como hablar con una cierta regularidad no con nuestros máximos líderes políticos -del gobierno o de la oposición-, sino con los cargos medios que nunca o casi nunca salen en la prensa, un asesor, un director de área, un gerente de una empresa pública. Salvo contadas excepciones, suelen ser personas que aceptaron formar parte de un proyecto político concreto por verdadera y noble vocación de servicio, porque creen -sin dogmatismos- en las ideas que defienden y porque quieren contribuir en la medida de lo posible a mejorar un poco la vida de los ciudadanos, de cada uno de nosotros. Por regla general, suelen ser también personas capaces de reconocer los aciertos de las propuestas de otras formaciones, así como los posibles errores o carencias de quienes forman parte de su propio partido. Su presencia en la actividad política de primera línea suele ser, además, por un tiempo muy limitado, normalmente por cuatro o a lo sumo ocho años, siguiendo en este sentido la regla no escrita según la cual, en nuestro país, las personas más válidas suelen permanecer muy poco en política, sobre todo cuando son ya plenamente conscientes del funcionamiento endogámico y clientelar de todos los partidos en España. Y cuando esas personas dejan sus cargos, lo hacen de la misma forma callada y tranquila que cuando llegaron, para regresar luego con la misma vocación de servicio a sus trabajos de enseñantes, o de funcionarios, o de científicos, o de técnicos, o de abogados. Un rasgo que he podido comprobar que ha sido y es común a la mayoría de esas personas, tanto en la pasada legislatura como en la presente, es el de un profundo y doloroso desencanto, el de un evidente y palpable desánimo, sea cual sea el partido del que formen parte o con el que como independientes colaboren. “Si yo te contara…”, nos dicen, con una sorda tristeza, y luego nos lo suelen acabar contando todo, normalmente pequeños o grandes enfrentamientos con sus inmediatos superiores jerárquicos, que no suelen darse a conocer nunca públicamente. Así, por ejemplo, ese conseller o esa consellera -o ese regidor o esa regidora- que tan amables suelen mostrarse siempre ante la prensa, en un mitin electoral, en una fiesta o en una inauguración, resulta que pueden llegar a comportarse en el trabajo del día a día de una forma absolutamente autoritaria y despótica con sus distintos asesores y compañeros de partido. Y como este ejemplo concreto podrían citarse algunos más en la misma línea, con secretarios generales o presidentes de los comités o juntas locales y territoriales de los distintos partidos que pueden llegar a infundir verdadero terror o miedo. A poco que conozcamos cuál es la esencia de la condición humana, sabemos que situaciones así pueden darse y de hecho se dan también en muchas profesiones. Es sólo que cuando uno ve a los actuales líderes políticos y a sus hooligans mediáticos dando mandobles aquí y allá o defendiendo la honestidad y unidad de su propio partido, es difícil no tener -como aquellas buenas personas de las que he hablado- una propensión cada vez mayor a no creerse ya realmente nada.

04

09 2010