La plantación inesperada
Cuando yo era pequeño, hace ya varios siglos, cada vez que oía hablar de plantaciones, enseguida acudían a mi mente imágenes de plantaciones de algodón y de películas norteamericanas en Technicolor ambientadas en algún estado esclavista del Sur. Las plantaciones por antonomasia eran para mí entonces ‘Tara’ y los ‘Doce robles’, que aparecían al principio de Lo que el viento se llevó, película que recuerdo haber visto varias veces, aunque creo que nunca llegué a ver por completo en su integridad, quizás porque siempre se me hacía un poquito larga o porque no acababa de entender nunca del todo la tormentosa y tortuosa relación existente entre Scarlett O’Hara (Vivien Leigh) y Rhett Butler (Clark Gable). Y que los admiradores de este mítico filme y de ambos actores por favor me perdonen. No fue hasta muchos años más tarde cuando descubrí que había también otros tipos posibles de plantaciones, por ejemplo las dedicadas a la coca o la marihuana, según había podido aprender en este último caso concreto en diversas películas y series norteamericanas del género policiaco o de acción, y en las páginas de sucesos de los diarios. Sea como sea, uno se imaginaba siempre ese tipo de plantaciones bien al aire libre o bien en un invernadero, o como mucho en una pequeña maceta de alguna pequeña terraza, pero nunca en el interior de un piso o de una finca, y mucho menos en un piso o una finca de alguna barriada de mi propia ciudad. Así que ayer quedé realmente muy sorprendido cuando vi en IB3 Notícies Migdia que el Cuerpo Nacional de Policía había desmantelado en varias casas de La Soledat la mayor plantación de marihuana de todas las encontradas hasta ahora en Mallorca, con cerca de 3.000 plantas incautadas en total. Todo un inmenso jardín interior, sin duda, al que, por razones obvias, no llegaba a dar nunca el sol, ni siquiera a través de una pequeña ventana con discretas cortinas o discretos visillos, aunque al parecer unos flexos muy modernos cumplían, al menos en parte, con esa función solar, y al parecer no mal del todo, según pude comprobar observando el perfecto estado de las plantas también a través del noticiario de IB3. A quienes se dedican a ese cultivo ilegal y a otros igualmente prohibidos por la ley, supongo que de poco servirá recordarles que podrían plantar cualquier otra cosa, como por ejemplo hortalizas, pimientos y tomates, y que casi todos -descontando a los traficantes y a los consumidores- les estaríamos además muy agradecidos. Es cierto que con los años casi todos solemos cambiar mucho en casi todos los sentidos, aunque me alegra comprobar que siguen sin gustarme absolutamente nada las mismas plantaciones que ya no me gustaban absolutamente nada cuando era un niño.
