Vivir en un melodrama de Douglas Sirk

En la época dorada de Hollywood, solía otorgarse el calificativo de “rey” a los directores que eran considerados como unos verdaderos maestros en el género cinematográfico que solían tratar con mayor asiduidad. Así, en la fábrica de sueños había hace medio siglo una “monarquía” plural, popular y democrática, en la que el “rey” -o ”mago”- del suspense era Alfred Hitchcok, el rey de la comedia era Billy Wilder, el del musical era Stanley Donen, y el del melodrama, Douglas Sirk. Como desde niño he sido siempre más monárquico que republicano, esos cuatro grandes directores se encontraron siempre entre mis realizadores -o “reyes”- favoritos. El esplendoroso y maravilloso reinado de Douglas Sirk en el campo del melodrama se prolongó más o menos por espacio de una década, la de los años cincuenta, que fueron los años del Technicolor y del Cinemascope, y de algunas de las pasiones más románticas y desaforadas que se hayan visto nunca en el cine. Cada vez que vuelvo a ver una película de Douglas Sirk, pienso que las historias de amor que hemos vivido, o que vivimos, o que podemos llegar a vivir, deberían de tener siempre al menos uno o dos de los ingredientes que mostraba Sirk en sus películas, la magia de los primeros momentos, la intensidad de las distintas emociones, la incertidumbre de saber si los sentimientos de amor serán o no correspondidos, el deseo de cambiar o de ser mejores gracias al amor. Del cine de este gran director alemán siempre me cautivaron, además, el tratamiento del color y el uso del formato panorámico, la elegancia que había siempre en los diálogos, en los actores o en los movimientos de cámara, el respeto que invariablemente mostraba hacia cada historia que contaba y hacia los personajes más desvalidos, el modo en que conseguía que los actores nos transmitieran perfectamente, con sólo un gesto o una mirada, todo el abanico de sentimientos que podemos experimentar cuando estamos enamorados, de la dicha o alegría más plena a la más absoluta tristeza o desolación. De Sirk me gusta también cómo muestra el paso del tiempo, la importancia que da siempre a los pequeños detalles, lo que es capaz de sugerir con sólo un leve movimiento de cámara. En la mayor parte de sus películas hay siempre un conflicto más o menos latente en torno a las parejas protagonistas, que en ocasiones se resuelve felizmente y en otras no, como suele ocurrir también en nuestras propias vidas, de ahí que sean, paradójicamente, melodramas profundamente realistas. En Obsesión, habla sobre la posibilidad de redención a través del amor, mientras que en Sólo el cielo lo sabe nos muestra un amor que debe de luchar contra todo tipo de prejuicios. En Tiempo de amar, tiempo de morir descubriremos que el amor puede nacer incluso en las circunstancias más terribles, en medio de una guerra, y en Imitación a la vida asistiremos al esfuerzo del amor para derrotar a la intolerancia. A veces he pensado que si fuera posible poder vivir dentro de un filme, me gustaría poder hacerlo en alguno del maestro y “rey” Douglas Sirk.

06

09 2010

La hamburguesa incorrupta

Sin duda, la hamburguesa más famosa del mundo en estos momentos es la que desde el pasado 10 de abril lleva inmortalizando cada día con su cámara la fotógrafa y pintora canadiense Sally Davies. Su Happy meal project, con el que quiere demostrar los posibles efectos nocivos de la llamada comida rápida, está siendo un gran éxito en todo el mundo a través de Internet. Observando las más recientes imágenes tomadas por Sally, podemos comprobar que la hamburguesa que ella compró hace casi cinco meses se encuentra casi en el mismo estado que entonces, quizás sólo algo encogida, tras haber permanecido hasta ahora un total de 148 días fuera de la nevera, en un pequeño platito colocado sobre la mesa del salón de su casa, en Nueva York. El pan que acompaña a la hamburguesa también está resistiendo muy bien el paso del tiempo, al igual que las patatas que están justo al lado, por las que no parece haber pasado ni un solo día, de tan radiantes y hermosas que están. No sabemos qué deben de opinar de esta iniciativa los responsables de McDonald’s y de otras cadenas ni los creadores del famoso menú infantil Happy Meal, pero creo que podríamos estar de acuerdo en que al menos se trata de algo que puede darnos un poco que pensar. Podemos preguntarnos, por ejemplo, qué pasaría si pusiéramos ahora esa hamburguesa y esa magraneta y esas patatas a calentar cinco minutos en el horno microondas, ¿se volverían blanditas, suaves y tiernas, y estarían tan jugosas como siempre?, ¿tendrían quizás un sabor un poco raro, nuevo o diferente?, ¿nos provocarían tal vez algún pequeño problema de salud de tipo gástrico o intestinal? Con independencia de las posibles respuestas a estas preguntas, debo de reconocer que yo, por mi parte, seguiré yendo a McDonald’s con la misma frecuencia que hasta ahora. Sally, por su parte, tiene decidido seguir de momento con su proyecto, que aún no sabemos si acabará convirtiéndose finalmente en eterno o en intemporal, pues ha comentado ya que conoce el caso de una maestra que guarda en su casa una hamburguesa desde hace 12 años, cuya carne sigue aún tal cual, sin descomponerse, más o menos como se encontraba ya a finales del siglo pasado. En este mundo actual, en el que casi todo es volátil, efímero y frágil, incluidos los amores, los sueños y los espacios televisivos con menos de un 10 por cien de audiencia, reconforta saber que hay cosas que al menos duran algo más de unas pocas semanas. “Nada es para siempre”, decía una hermosa y melancólica canción de Cómplices, y eso es lo que muy posiblemente creíamos también casi todos hasta ahora, justo antes de conocer la existencia de la hoy popularísima hamburguesa de Sally Davies, una hamburguesa que, como las grandes pasiones eternas, quizás acabe, quién sabe, por no tener nunca un final.

05

09 2010

Lo que la política española esconde

Para intentar conocer un poco mejor cuál es la verdadera realidad política de nuestras propias instituciones en cada momento, pocas cosas suelen resultar tan esclarecedoras y positivas como hablar con una cierta regularidad no con nuestros máximos líderes políticos -del gobierno o de la oposición-, sino con los cargos medios que nunca o casi nunca salen en la prensa, un asesor, un director de área, un gerente de una empresa pública. Salvo contadas excepciones, suelen ser personas que aceptaron formar parte de un proyecto político concreto por verdadera y noble vocación de servicio, porque creen -sin dogmatismos- en las ideas que defienden y porque quieren contribuir en la medida de lo posible a mejorar un poco la vida de los ciudadanos, de cada uno de nosotros. Por regla general, suelen ser también personas capaces de reconocer los aciertos de las propuestas de otras formaciones, así como los posibles errores o carencias de quienes forman parte de su propio partido. Su presencia en la actividad política de primera línea suele ser, además, por un tiempo muy limitado, normalmente por cuatro o a lo sumo ocho años, siguiendo en este sentido la regla no escrita según la cual, en nuestro país, las personas más válidas suelen permanecer muy poco en política, sobre todo cuando son ya plenamente conscientes del funcionamiento endogámico y clientelar de todos los partidos en España. Y cuando esas personas dejan sus cargos, lo hacen de la misma forma callada y tranquila que cuando llegaron, para regresar luego con la misma vocación de servicio a sus trabajos de enseñantes, o de funcionarios, o de científicos, o de técnicos, o de abogados. Un rasgo que he podido comprobar que ha sido y es común a la mayoría de esas personas, tanto en la pasada legislatura como en la presente, es el de un profundo y doloroso desencanto, el de un evidente y palpable desánimo, sea cual sea el partido del que formen parte o con el que como independientes colaboren. “Si yo te contara…”, nos dicen, con una sorda tristeza, y luego nos lo suelen acabar contando todo, normalmente pequeños o grandes enfrentamientos con sus inmediatos superiores jerárquicos, que no suelen darse a conocer nunca públicamente. Así, por ejemplo, ese conseller o esa consellera -o ese regidor o esa regidora- que tan amables suelen mostrarse siempre ante la prensa, en un mitin electoral, en una fiesta o en una inauguración, resulta que pueden llegar a comportarse en el trabajo del día a día de una forma absolutamente autoritaria y despótica con sus distintos asesores y compañeros de partido. Y como este ejemplo concreto podrían citarse algunos más en la misma línea, con secretarios generales o presidentes de los comités o juntas locales y territoriales de los distintos partidos que pueden llegar a infundir verdadero terror o miedo. A poco que conozcamos cuál es la esencia de la condición humana, sabemos que situaciones así pueden darse y de hecho se dan también en muchas profesiones. Es sólo que cuando uno ve a los actuales líderes políticos y a sus hooligans mediáticos dando mandobles aquí y allá o defendiendo la honestidad y unidad de su propio partido, es difícil no tener -como aquellas buenas personas de las que he hablado- una propensión cada vez mayor a no creerse ya realmente nada.

04

09 2010

La reforma y la contrarreforma de Antich

Cuando hace apenas un mes se presentó de manera oficial el llamado Plan de Acción Integral de la Platja de Palma, parecía existir una cierta unanimidad sobre cuáles deberían de ser las líneas básicas de ejecución de este ambicioso y necesario proyecto. Pero a tenor de las noticias que han ido apareciendo desde entonces en los medios, parece ser que no sólo no existe tal unanimidad sino que además casi nadie parece conocer, a ciencia cierta, en qué consiste exactamente dicho proyecto, ni siquiera los partidos políticos que, sin una sola excepción, dieron su apoyo entusiasta al plan director el pasado mes de agosto. Desde hace dos años, se encuentra al frente de esta compleja iniciativa de reforma Margarita Nájera, que al parecer ha disgustado con su plan no sólo a vecinos, comerciantes y hoteleros, sino también al mismísimo presidente Antich, que esta semana ha dado un golpe sobre la mesa y ha pasado a ser el máximo impulsor de lo que podríamos denominar como la contrarreforma, de momento sólo de la Platja de Palma, emulando en este sentido a nuestros muy insignes emperadores Carlos I y Felipe II, salvando las distancias, claro. Nuestro querido president ya ha pedido a la gerente del consorcio que se retracte públicamente de sus equivocaciones, y ella, sin perder la sonrisa, ha dicho ya que sí, con la fe de la nueva conversa -”e pur si muove”-, aunque aún siguen siendo tantas las diferencias existentes entre todas las partes afectadas, que Antich ha convocado ya para la próxima semana una especie de cónclave para tratar entre todos sobre este asunto, que vendría a ser como nuestro particular Concilio de Trento, aunque confiemos en que en este caso concreto no se acabe prolongando tanto. Así que por ahora nos encontramos con lo que seguramente debe de ser el primer plan de rehabilitación integral de la historia que ha cambiado ya de los pies a la cabeza sin que ni siquiera haya finalizado aún el primer plazo para presentar alegaciones, que además se va a ampliar aún un poco más, a pesar de que parece ser que ya no queda nada o muy poco por cambiar. Mientras la contrarreforma va avanzando poco a poco, aunque de manera decidida y firme, quizás deberíamos de preguntarnos que si al final todo va a seguir igual, sin expropiaciones, ni demoliciones, ni rehabilitaciones, ni bulevares, ni zonas verdes, ni aparcamientos, ni eliminación de plazas hoteleras, ni nada de nada, qué o quién ha fallado y por qué nos hemos pasado los últimos diez años hablando de que la Platja de Palma necesitaba urgentemente un plan de reforma integral.

03

09 2010

Obama también redecora su despacho

Siempre que leo una noticia positiva o estimulante en el diario me alegro, que es lo que me ocurrió hace sólo dos días cuando vi que el presidente Barack Obama, por el que siento una gran simpatía, acaba de redecorar su lugar de trabajo, el Despacho Oval. En esto, hay que reconocerlo, se le adelantó nuestra querida alcaldesa, Aina Calvo. Al parecer, Obama no era muy partidario de hacer cambios, pero su mujer, Michelle, finalmente le convenció. Al fin y al cabo, si exceptuamos al bueno de Jimmy Carter, que durante su mandato no cambió ni siquiera los pequeños ceniceros de cristal, desde hace cien años la llegada de cada nuevo presidente ha supuesto casi siempre pequeños cambios decorativos. Para poder comparar con la época de George W. Bush, a lo largo de estos días hemos podido ver fotos del “antes” y del “después”, y lo cierto es que el Despacho Oval me gusta más ahora, si exceptuamos el papel pintado que los Obama han decidido colocar en la pared, que a mí no me acaba de convencer del todo. En cambio, los nuevos sofás y sillones, así como las lamparillas y la nueva alfombra me gustan más; no sé, le dan al despacho un tono como más luminoso y alegre. Me he fijado también en que Obama ha cambiado incluso la silla de su escritorio, lo cual me parece igualmente muy bien, pues lo verdaderamente importante en el lugar de trabajo, aunque pueda ser más o menos temporal, es sentirse bien, relajado, a gusto, sobre todo si tienes que pasarte casi todo el día intentando arreglar tu propio país e incluso a veces también el resto del mundo, despachando con tus colaboradores, recibiendo a visitantes ilustres, impidiendo conspiraciones, promoviendo acuerdos económicos, o hablando telefónicamente con la CIA o con el Pentágono, con el Departamento del Tesoro o con los principales dignatarios del planeta, incluido nuestro querido presidente, aunque en este caso sea sólo para reñirle más o menos cariñosamente. Con todo, estoy seguro de que debe de haber también momentos un poco más sosegados y tranquilos, por ejemplo a primera hora de la tarde, cuando lo que seguramente apetece en esos instantes es poder tomar un té o un café mientras uno contempla, meditativo, el hermoso jardín del Ala Oeste de la Casa Blanca. En este sentido, yo creo que Obama debe de ser más de café que no de té, a diferencia de la ex candidata republicana a la presidencia, Sarah Palin, y del sector más conservador de su partido, más partidarios, al parecer, del “Tea Party”. Sea como sea, el bueno de Obama tiene que enfrentarse en estos momentos a tantos problemas, y además de tan variada índole, que seguro que debe de tranquilizarle un poco saber que de momento ya ha podido arreglar al menos uno, el del nuevo color de las paredes y los muebles de su despacho.

02

09 2010

Miguelín, el niño de Zapatero

Si la memoria no me falla, creo que la famosa y entrañable niña de Rajoy iba a ser bautizada con el nombre de Victoria Esperanza el 9 de marzo de 2008, pero los resultados electorales obtenidos por el PP en aquella fecha aconsejaron finalmente, yo creo que con muy buen criterio, posponer dicho bautizo al menos por algún tiempo. Dos años después, y tal vez para no ser menos que el bueno de Mariano, nuestro querido presidente nos acaba de presentar a su propio niño, que a pesar de ser sólo un bebé mide casi siete metros de altura, y que a pesar de no haber sido quizás aún bautizado tiene ya nombre de pila y se llama Miguelín. Como desde hace algún tiempo yo creo que nos encontramos casi todos un poco bajos de ánimo, si exceptuamos el maravilloso “subidón” puntual del Mundial de Fútbol, me alegró ver que José Luis Rodríguez Zapatero intentaba infundirnos el pasado lunes un poquito de esperanza y de ilusión desde el pabellón español de la Expo de Shanghai. Allí estaba él, con su sonrisa habitual, junto a Miguelín, el bebé robotizado ideado por la gran cineasta Isabel Coixet como mascota española en dicha muestra. ”El tamaño del futuro de España es del tamaño del niño, de Miguelín”, nos dijo con su habitual convicción nuestro querido presidente, aunque la verdad es que no acabé de entender muy bien qué quiso decir exactamente con estas palabras, como cuando hace unos pocos meses dijo también aquello de que “la tierra no pertenece a nadie, salvo al viento”. De hecho, yo creo que tampoco Miguelín debió de entenderle del todo, pues vi que entornaba suavemente los ojos, como si fuera a quedarse dormido, y que abría un poquito la boca, no sé si porque tenía un poco de hambre o simplemente como un pequeño gesto de incredulidad y de sorpresa, porque aunque uno sea sólo un bebé, es bien sabido que desde muy pronto empieza a darse ya cuenta de todas las cosas, y más si se trata de un bebé robótico y cibernético, como ocurre en este caso. Lo más probable es que el propósito de Zapatero fuera, a través de su curiosa y chocante comparación, intentar persuadirnos de que a nuestro país le espera un gran futuro, acorde con el gran tamaño de Miguelín, pero de momento lo único comparable en cuanto a tamaño con ese dulce y gracioso bebé gigante son nuestro déficit y nuestra tasa de desempleo. Por esas y otras razones, yo he creído ver en la mirada de Miguelín la misma tristeza que seguramente debió de tener Victoria Esperanza, la niña de Rajoy, cuando hace dos años supo que en aquel momento no iba a ser bautizada, una tristeza tranquila, como la de muchos españoles hoy, algo ensimismada y melancólica.

01

09 2010

La plantación inesperada

Cuando yo era pequeño, hace ya varios siglos, cada vez que oía hablar de plantaciones, enseguida acudían a mi mente imágenes de plantaciones de algodón y de películas norteamericanas en Technicolor ambientadas en algún estado esclavista del Sur. Las plantaciones por antonomasia eran para mí entonces ‘Tara’ y los ‘Doce robles’, que aparecían al principio de Lo que el viento se llevó, película que recuerdo haber visto varias veces, aunque creo que nunca llegué a ver por completo en su integridad, quizás porque siempre se me hacía un poquito larga o porque no acababa de entender nunca del todo la tormentosa y tortuosa relación existente entre Scarlett O’Hara (Vivien Leigh) y Rhett Butler (Clark Gable). Y que los admiradores de este mítico filme y de ambos actores por favor me perdonen. No fue hasta muchos años más tarde cuando descubrí que había también otros tipos posibles de plantaciones, por ejemplo las dedicadas a la coca o la marihuana, según había podido aprender en este último caso concreto en diversas películas y series norteamericanas del género policiaco o de acción, y en las páginas de sucesos de los diarios. Sea como sea, uno se imaginaba siempre ese tipo de plantaciones bien al aire libre o bien en un invernadero, o como mucho en una pequeña maceta de alguna pequeña terraza, pero nunca en el interior de un piso o de una finca, y mucho menos en un piso o una finca de alguna barriada de mi propia ciudad. Así que ayer quedé realmente muy sorprendido cuando vi en IB3 Notícies Migdia que el Cuerpo Nacional de Policía había desmantelado en varias casas de La Soledat la mayor plantación de marihuana de todas las encontradas hasta ahora en Mallorca, con cerca de 3.000 plantas incautadas en total. Todo un inmenso jardín interior, sin duda, al que, por razones obvias, no llegaba a dar nunca el sol, ni siquiera a través de una pequeña ventana con discretas cortinas o discretos visillos, aunque al parecer unos flexos muy modernos cumplían, al menos en parte, con esa función solar, y al parecer no mal del todo, según pude comprobar observando el perfecto estado de las plantas también a través del noticiario de IB3. A quienes se dedican a ese cultivo ilegal y a otros igualmente prohibidos por la ley, supongo que de poco servirá recordarles que podrían plantar cualquier otra cosa, como por ejemplo hortalizas, pimientos y tomates, y que casi todos -descontando a los traficantes y a los consumidores- les estaríamos además muy agradecidos. Es cierto que con los años casi todos solemos cambiar mucho en casi todos los sentidos, aunque me alegra comprobar que siguen sin gustarme absolutamente nada las mismas plantaciones que ya no me gustaban absolutamente nada cuando era un niño.

05

08 2010

Barack Obama o ‘Si tú me dices ven…’

Leyendo la agenda de hoy me he dado cuenta de que este mismo miércoles cumplen años nuestro querido presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, exactamente 50, y nuestro querido presidente de Estados Unidos, Barack Obama, exactamente 49. Esta curiosa coincidencia, que reconozco que hasta ahora desconocía, podría ser una de las razones que explicarían el inocultable arrobo amoroso que siente Zapatero por Obama ya desde la primera vez que se vieron, o quizás incluso desde un poquito antes, aunque estoy seguro de que debe de haber también otras razones para explicar ese enamoramiento puro y platónico, ideológicas en su mayor parte, que en cierto modo acaban siendo también siempre un poco sentimentales. Cada vez que les veo juntos, no puedo evitar pensar en una de las canciones para mí más maravillosas de Los Panchos, Si tú me dices ven, porque así veo yo ahora a nuestro presidente, capaz de hacer cualquier cosa -o casi- por Obama, tanto si se la pide como si no. “Si tú me dices ven, lo dejo todo./ Si tú me dices ven, será todo para ti./ Mis momentos más ocultos,/ también te los daré./ Mis secretos, que son pocos,/ serán tuyos también”, dice la canción. Es cierto que Zapatero no domina el idioma inglés, y ni siquiera el idioma tejano, como en cambio sí hacía nuestro querido ex presidente, José María Aznar, cuando hablaba con George Bush, pero ya se sabe que el lenguaje del amor está hecho sobre todo de gestos, de miradas, de sonrisas, de un poco de ternura y de apenas dos o tres palabras. De hecho, no sé en qué idioma debieron de hablar el pasado mes de mayo, cuando Obama llamó a Zapatero para pedirle que tomase de inmediato medidas para intentar reducir el déficit público, pero lo cierto es que el líder demócrata norteamericano consiguió en apenas unos pocos minutos lo que no habían logrado en los doce meses anteriores ni la Unión Europea, ni el PP, ni parte de su propio partido, ni El País y ni siquiera, que ya es decir, su amigo Pedro J. Ramírez. Fue hablar con Obama y cambiar radicalmente de opinión, para pasar a anunciar el ‘decretazo’ apenas unos pocos días después. “Si tú me dices ven, todo cambiará./ Si tú me dices ven, habrá felicidad./ Si tú me dices ven, si tú me dices ven”, prosigue la canción. En el sentido último de esta estrofa creo que se encuentra también un poco la clave del recién recuperado optimismo y buen humor de nuestro presidente, tras unas semanas de melancolía y de tristeza, altibajos anímicos muy propios, por lo demás, de cualquier persona que está profundamente enamorada. Cada vez que Obama le llama, nuestro presidente se siente enseguida mejor y sonríe, y yo añadiría que incluso parece que levanta la ceja un poco más. Y nosotros, indirectamente, también nos sentimos entonces un poco mejor. Confiemos en que hoy Obama le llame y en que ambos puedan felicitarse al menos por sus respectivos cumpleaños, porque en estos momentos, la verdad, uno no ve tampoco muchos mayores motivos de dicha ni de felicitación.

04

08 2010

Mariano Rajoy y el cinturón

Reconozcámoslo. Nuestro querido líder de la oposición, Mariano Rajoy, debería de haberse puesto el cinturón de seguridad durante la grabación del vídeo-blog en el que despide el último curso político mientras viaja en el asiento trasero de su coche oficial. “Mariano, por favor, ponte el cinturón”, debería de haberle dicho alguien en ese momento al bueno de Rajoy, quien además hace varios años sufrió un muy grave accidente de coche, e incluso unos pocos años después otro con un helicóptero. Pero creo que deberíamos de reconocer también que una vez que su partido ha pedido ya disculpas por ese error, lo ocurrido hace unos pocos días no tendría que pasar de ser ya más que una curiosa anécdota, una más que añadir a otras protagonizadas previamente por nuestro algo despistado líder opositor, como la de su primo catedrático y el cambio climático, la de su opinión sobre el desfile del 12 de octubre o la de su comentario sobre la posible defensa de Jaume Matas, por no hablar de la entrañable niña de Rajoy de la campaña electoral de 2008, que debe de ser ya una adolescente más o menos melancólica y quizás también algo desencantada. En alguna ocasión he comentado ya que a mí Mariano Rajoy me cae bien. No puedo evitarlo. Alguien que es criticado con la misma brutalidad y virulencia por Federico Jiménez Losantos y por Enric Sopena, no puede ser tan malo. Personalmente, considero que sus pequeñas meteduras de pata y algunas de sus dudas, junto a su elegante ironía, le hacen más humano, más próximo, acostumbrados como estamos en este país a políticos -o a periodistas- de una pieza, es decir, a demagogos y a tendenciosos hasta la médula, genuinos representantes del “si no estás conmigo, estás contra mí”, del “verdades como puños”  y del “las cosas claras, y el chocolate, espeso”. Además, Rajoy no provoca ningún rechazo entre muchos votantes moderados y centristas que tradicionalmente no votan al PP, algo esencial para poder ganar unas elecciones, aunque, si se me permite la broma, creo que en cambio sí provoca un cierto rechazo entre los votantes más extremistas de su propio partido. Yo veo a Rajoy capaz de ser un buen presidente del Gobierno si los electores de este país así lo quisieran de forma mayoritaria en 2012, siempre y cuando previamente algunos de los principales barones del partido y algunos periodistas especialmente combativos y guerreros dejen de conspirar dos días seguidos contra él, y al mismo tiempo Esperanza Aguirre, Francisco Camps o Francisco Álvarez-Cascos dejen de darle problemas igualmente al menos durante dos días seguidos, cada uno a su manera, claro. Es cierto que en ocasiones Rajoy es demasiado indeciso y que debería de haber sido mucho más contundente en la lucha contra la corrupción, pero creo que muchos de sus posibles, hipotéticos o potenciales votantes aún seguimos confiando en él, entre otras razones porque creemos que representa una línea centrista de tolerancia y de diálogo que hoy nos parece quizás más necesaria que nunca, lo cual no es en absoluto incompatible con que le pidamos que, por favor, a partir de ahora se ponga siempre el cinturón, en sentido literal y también además metafóricamente.

03

08 2010

El ‘botellón’ nos incumbe a todos

El derecho al silencio, a la tranquilidad, al descanso, debería de ser uno de los más sagrados que existieran, incluso en países como el nuestro, tan dados a la fiesta y a la celebración, y, por tanto, también al ruido en la calle. En este sentido, el ‘botellón’ representa un grave problema de salud pública para quienes lo padecen, y, en otro sentido, puede llegar a suponerlo también para quienes lo practican, dados los conocidos riesgos que conlleva siempre el consumo excesivo de alcohol. La futura ordenanza reguladora del uso cívico de los espacios públicos pretende dar solución a ambos aspectos del problema, y en este sentido sólo cabe felicitar muy sinceramente a la regidora de Igualtat i Drets Cívics, la socialista Cristina Ferrer, y a su equipo por el trabajo hecho hasta ahora para poner en marcha una ordenanza de estas características, objetivo que además ha contado con valiosas aportaciones del Grupo Municipal Popular en el Ajuntament de Palma. Creo que tanto en el pasado mandato, con la popular Catalina Cirer, como en el actual, con la socialista Aina Calvo, se han ido dando pasos positivos en la buena dirección para intentar solucionar los problemas derivados de la práctica del ‘botellón’, cuya solución creo honestamente que nos incumbe a todos y no sólo a los responsables políticos y técnicos de las distintas instituciones. En primer lugar, creo que sería conveniente intentar tener siempre un poco de perspectiva cuando hablamos de nuestros hábitos de ocio, para no acabar culpabilizando siempre de todo a los jóvenes. Los graves problemas de ruidos y de suciedad habidos años atrás y durante mucho tiempo en La Lonja no los causaron nunca ni el ‘botellón’ ni los más jóvenes, sino personas de todas las edades, muchas de las cuales tenían además un gran poder adquisitivo, del que dejaban constancia tanto en invierno como en verano, en una época en la que además no había la grave crisis económica que en cambio sí hay ahora. Por otra parte, personalmente pienso que los fines de semana se han ido convirtiendo poco a poco, sobre todo en los adultos, más en una vía de escape algo descontrolada de todas las tensiones acumuladas de lunes a viernes en el trabajo o de diversas frustraciones personales, que no en un momento de ocio tranquilo y relajado. En los adultos, esas tensiones acumuladas, fruto sobre todo de las constantes presiones laborales, suelen derivar cada vez más en profundas depresiones, o en adicciones al alcohol o a las drogas, o en desórdenes de tipo alimenticio, situaciones dramáticas que a casi nadie parecen preocupar o interesar de verdad, o no al menos mientras esas mismas personas sigan ayudando a dar beneficios tanto a las empresas en las que trabajan como a los locales de ocio a los que acuden. En los jóvenes, creo que las salidas de fin de semana siguen estando aún muy vinculadas a que pueden ser un buen vehículo de socialización, aunque en ocasiones puedan ser también una manera de intentar escapar, de un modo muy poco aconsejable, de difíciles situaciones familiares. El ‘botellón’ y otras formas de ocio ligadas a un consumo abusivo de alcohol, tanto en jóvenes como en adultos, son sólo una muestra más de una sociedad desarrollada que, más allá de las apariencias, no funciona en muchos aspectos esenciales, y que seguirá sin funcionar mientras sigamos queriendo dar la culpa de todos nuestros problemas a tal o cual institución y no pongamos nada de nuestra parte para intentar solucionarlos en lo que de nosotros mismos dependa, algo que creo que podríamos hacer si ayudamos, como posible y deseable punto de partida inicial, a mejorar el civismo, el respeto y la educación.

02

08 2010